Arte infinito

Arte Infinito

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En óleo, lápiz y carbonilla, la dibujante y pintora Eleonora Butín manifiesta en sus obras, creada a través de la repetición de patrones desestructurados, su ferviente rechazo a la agobiante rutina del trabajo en serie. Vida y obra de una artista definida.

Txt: Connie Royo
Ph: Gentileza Eleonora Butín

Repetición infinita de objetos y herramientas componen sus obras más emblemáticas. Así, esa necesidad de generar con su imagen la sensación de angustia y opresión del trabajo rutinario en el espectador, fue dando lugar a la estética que hoy la representa, una suerte de abstracción figurativa donde las máquinas toman la tela por completo para hacer de la composición, la gran protagonista de sus cuadros.

Nacida en La Plata, Eleonora Butín dibujó “toda la vida para jugar… y lo sigo haciendo –asume divertida–, nunca abandoné mi tarea como algo lúdico”, explica. Después de hacer la secundaria en la Escuela de Bellas Artes obtuvo su título en la Escuela Prilidiano Pueyrredón. Y desde entonces nunca dejó de crear.

“Soy lo mas tradicional que hay a la hora de crear – explica cuando enumera los materiales con los que trabaja–. A mí me gusta el óleo, el lápiz y carbonilla”, sostiene. Aunque su técnica mixta también incluye tinta aguada, acrílico y esgrafiado, entre tantos otros. “Es que yo maltrato un poco a la tela”, revela entre risas.

Amante del arte desde sus primeros tiempos, Eleonora siempre supo que este sería su camino. Y si bien se manifiesta una defensora acérrima del ocio y el tiempo libre, sus jornadas laborales incluyen largas horas frente a la tela y sus tantas clases como docente, tarea que desempeña hace más de veinte años en escuelas secundarias y en el Profesorado Leopoldo Marechal.

Butín se obsesiona, disfruta, boceta, se ilusiona, sufre, estudia… Vaivenes que son parte de su proceso creativo natural, ese que la llevará, inspirada por lo inmediato de su entorno, a crear sus obras, muchas de las cuales fueron adquiridas por museos de Argentina y colecciones privadas nacionales y del mundo.

En una trama infinita de maquinarias y herramientas, sus trabajos esconden un mensaje por descubrir. Así, entre sus obras se cuentan “La Costilla de Adán”, que con máquinas de coser representan la participación de la mujer en el trabajo industrial; “Trabajar cansa”, “Flor de Lis” y “Con la sangre de la espada y la palabra”, una serie que transforma máquinas de escribir en entramadas armas blancas.

Eleonora se muestra feliz, relajada, contenta. “Es que ya no quiero estresarme más –evoca con una sonrisa– . Antes vivía más pendiente de los salones, de los premios, las muestras en solitario me daban muchos nervios. Pero en la actualidad eso cambió, ya no me interesa”, destaca. Y concluye: “Hoy prefiero exponer en grupo, trabajar tranquila y disfrutar. Hoy priorizo pasarla bien”.

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Agua no hay – 2014 Tec Oleo sobre tela 100 cm x 100 cm

Eleonora, ¿por qué no te gusta cuando te llamen “artista”?

Es que no me considero artista, me considero dibujante, me considero pintora. Me parece que hablar de arte es entrar en un planteo filosófico en el que no me interesa profundizar. Yo siento placer en lo que hago desde que soy chica y lo sigo haciendo con placer. Es cierto que el arte es un lenguaje que puede comunicar muchas cosas, distintos criterios, es un lugar donde se pueden hacer planteos ideológicos, pero uno lo hace como una actividad lúdica.

Tu trabajo tiene, por un lado su parte lúdica, y por otro una temática que remite a la revolución industrial, al cansancio del trabajo, al agobio de la rutina…

Porque cuando uno es adulto cambia la forma de jugar, juega pero ya plantea una problemática. El planteo es el mismo planteo Marxista sobre el tema del trabajo alienado, que no surgió por la lectura de Marx, sino hace 20 años leyendo el ensayo de William Morris “El arte bajo la plutocracia”. Él hace varios planteos, como la pérdida del placer del trabajo del artista, que remite a que toda la contención que sentía el artesano al trabajar en un gremio se pierde cuando se prioriza el individualismo. Eso me fue llevando a pensar y a crear mis trabajos.

¿Dónde encontrás el punto de equilibrio entre lo lúdico y tu temática?

El juego es el desafío de hacerlo, el animarse, el detenimiento. Simultánea a la lectura de William Morris se me rompió un calefón y, creyendo que podía arreglarlo, lo desarmé. Cuando vi cómo era por adentro se me abrió todo un mundo que me remitió a la Revolución industrial. Así que el primer dibujo sobre la máquina que hice que fue en 1993 donde varias válvulas de calefones se repetían de manera infinita extendiéndose mas allá de los márgenes del cuadro.

¿Siempre la repetición?

En un comienzo trabajaba la repetición del engranaje haciendo alusión a la repetición que tiene el obrero en el trabajo industrial, haciendo una tarea exactamente igual, como Chaplin en “Tiempos modernos”. En esa época lo hacía componiendo con ortogonales y todo en un primer plano, como produciendo una red de la que no había escapatoria, generando mucha opresión. Obviamente no era una pintura que agradara al espectador, sino que buscaba transmitir la angustia de ese trabajo, de la rutina.

¿Qué pensás que te llevó a retratar esa angustia?

Seguramente que a mí tampoco me gusta trabajar, soy una defensora del ocio, y toda la vida me angustió el hecho de tener que salir a trabajar. En algún momento sentí la necesidad de romper con esas ortogonales y darle más libertad a al obra, entonces empecé a trabajar con líneas oblicuas, mandé las figuras hacia el fondo, empecé a hacer un planteo más barroco, de más profundidad y a llevar el foco de atención hacia una luz en el fondo del cuadro.

Vos te manifestás como una defensora del ocio, pero tus jornadas de trabajo son súper exhaustivas…

Sí. Yo soy una defensora del ocio en consecuencia de lo que considero que es la revolución industrial, la máquina que viene a reemplazar tu trabajo para que tengas que trabajar menos. Lo que hace el capitalismo es que vos sigas trabajando mucho para un consumismo absurdo.

¿Cómo es tu rutina?

Trato de evitar la rutina porque no la puedo respetar, soy muy rebelde. Las únicas rutinas que tengo son las de las clases, donde enseño hace más de veinte años.

¿Cómo es tu trabajo en el taller?

Yo trabajo de a una sola obra porque me obsesiono tanto que no me deja hacer nada en mi vida. Es un trabajo que me quita el sueño. Como sentada mirando el cuadro, viajo pensando en el cuadro, me duermo soñando con el cuadro, en cómo lo voy a seguir, cómo se va a resolver… y así paso unos meses pensando hasta que lo termino y se lo llevan. Ahí hago ‘impasse’ muy necesario en el que pongo la mente en blanco. Ocupa tanto espacio en mi cabeza que necesito hacer un vacío total para volver a obsesionarme con otro trabajo.

Es como tu proceso natural…

Claro. Después de un cuadro quedo en un sillón mirando el techo, en blanco, aunque ya estoy pensando en el próximo trabajo.

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Logística para bomberos lV – 2014 Tec Oleo sobre tela 140 cm x 140 cm

El arte como camino

Eleonora, ¿la temática industrial inspira el color?

Yo trabajo más en el dibujo, hice mi carrera más como dibujante, aunque también paralelamente pinté. El color es un antojo, puede haber o no.

¿El tamaño de la obra infiere en lo que buscás componer y comunicar?

Me gusta mucho el tamaño grande y siempre me moví en esos parámetros, aunque también tengo obra chica. A veces me canso de cuadros tan grandes, yo soy muy chiquita y la gente no lo cree, pero es trabajoso.

¿Cómo llega el tarot a tu vida?

Así como abrí un calefón y me planteé el tema de la Revolución industrial, desde hace muchos años, por lo menos veinte, me encuentro en la calle cartas españolas tiradas en el piso, y estas forman parte de los arcanos menores del tarot. Entonces, por curiosidad, empecé a comprarme libritos para ver qué significaba lo que me había encontrado, y así me fui metiendo mucho en el tema.

¿Cómo inspiró el tarot tu arte?

En esa época yo estaba trabajando con las máquinas de escribir, que se levantaban, se imponían, hablaba de ellas como el símbolo del pensamiento y cómo la idea puede oprimir o liberar… En el tarot, donde la espada es el elemento Aire y representa el mundo de la mente, en la acción es la palabra, el verbo; es la mente la que puede liberar o puede oprimir, por eso también es sangre, es el símbolo de la conquista.

¿Así surge “Con la sangre de la espada y la palabra”?

Claro. Esa obra es un barco hecho con las máquinas ya transformadas en espadas. Y para lograrlo me hizo falta la observación masculina, porque yo no sabía cómo era una espada, cuánto pesaba… Así que cuando vino el señor que me hace los bastidores me ayudó a interiorizarme en este elemento, para mí desconocido. Igualmente me costó resolverlo…

¿Y así llega la tecnología a tu arte?

Sí. No podía resolver la espada en la tela, entonces me ayudé con un programa de diseño. Allí hice bocetos y empecé a diseñarlas. Hoy también me sirve un montón para hacer las máquinas y herramientas que recreo en la tela, allí las puedo pensar bien.

¿Creés en las mancias?

La verdad que no. Al tarot lo llevaron los gitanos a Europa, y es un juego, es una trampa. Las mancias son trampas y cuanto más las estudiás más te das cuenta de eso. Yo en una tirada te puedo dar una lectura o puedo decirte exactamente lo contrario, porque es un juego de reflexión en donde siempre están presentes los opuestos. Me interesa mucho, me encanta la simbología del tarot.

Más allá de la tela

Eleonora, ¿hoy en qué estás trabajando?

Ahora estoy de vuelta con las válvulas de los bomberos, pero simplemente porque me gustan, siento que cada vez estoy más enganchada con la composición que con la temática. El tema de la Revolución Industrial lo uso hace veinte años, el tarot me interesó en un momento, y ahora cada vez me interesa menos el tema y más la composición. En algún momento un colega se rió porque me dijo que yo era una dibujante figurativa abstracta; y es verdad, la figura es una excusa para mí.

¿Cuándo pensás la obra lo hacés de forma abstracta o figurativa?

La pienso como una mancha abstracta y después voy colocando los objetos, mamarracheo formas geométricas en birome con distintos valores y colores. Después pienso cómo ir colocando los elementos.

¿Reconocés alguna influencia en tu trabajo?

No, la verdad que no. Ves colegas y en algunos podés advertir qué artista lo influyó, pero yo no tengo ni idea.

¿Sos una artista solitaria en cuanto a la creación?

Una no puede trabajar en solitario, necesita mucho de la contención afectiva y emocional de los colegas. Aunque me gusta la mirada de quien está por afuera del arte, me da visiones mucho más interesantes. Si bien no trabajo en grupo me gusta mucho estar en contacto con otros artistas y exponer en grupo. Tengo un grupo de amistad y compañerismo con varios colegas con quienes siempre nos acompañamos en las inauguraciones…

Y exponen juntos…

También. Antes hacía muestras individuales y ahora estoy participando en exhibiciones compartidas, porque se me hace mucho más relajado el proceso. Me genera bastante ansiedad la muestra en solitario, pero cuando somos un grupo lo disfruto muchísimo.

¿La docencia forma parte de tu proceso creativo?

No hay rutina en la educación. Uno cuando enseña arte tiene la libertad de dar los contenidos que quiere y enseñar desde donde uno se divierte, porque si yo me aburro con los contenidos que doy, imaginate los chicos. La verdad es que parto de lo que tengo ganas de dar y ese entusiasmo se transmite.

Te autoproclamás como una amante del ocio, ¿qué te gusta hacer en tu tiempo libre?

Leer y jugar en la computadora (risas).

Eleonora, ¿cómo se organiza tu agenda para este 2015?

Me convocaron para una muestra de paisajes, voy a estar mostrando también obra en una exhibición en Río Gallegos, de la que se va a editar un libro en el que me invitaron a participar. Estoy con obra colgada en la Universidad de la Matanza por el día de la mujer junto a 100 mujeres artistas, preparando obra para el Museo Sívori y también armando una muestra colectiva que se va a hacer en junio. Estoy feliz y entusiasmada. ¡Arrancamos el año con muchos proyectos!

 

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JAVIER BALIÑA – GALERÍA DE ARTE
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