Refugio blanco

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La transformación de una vivienda convencional en un oasis de luz, donde el diseño se destaca. El desafío de imprimir carácter a los ambientes despojados. Las claves del nuevo estilo nórdico minimalista.

Txt: Dolores Vidal  Ph: Felix Michaud – Gentileza v2com

Metamorfosis. Es la palabra exacta para describir el proceso de cambio que enfrentó el estudio canadiense Appareil Architecture en esta casa, ubicada en  L’Ile-des-Soeurs, Montreal. No fue un simple rejuvenecimiento, se trató de una renovación que modificó en forma rotunda su estética y el modo de habitar los espacios interiores.

La firma de jóvenes arquitectos y diseñadores que llevó adelante la obra recibió de los propietarios, la clara consigna de adaptar el lugar a sus nuevas necesidades y expectativas. Querían contar con un amplio sector social para recibir amigos, cocinar y reunirse de manera informal alrededor de una mesa. Y, al mismo tiempo, esperaban que el lugar respondiera a los usos de una familia.

La casa tenía un aspecto convencional y una distribución clásica, que no producía ninguna sorpresa en su recorrido. Para convertirla en una vivienda luminosa, funcional y de espíritu contemporáneo, uno de los primeros pasos fue derivar estratégicamente algunos muros. Esta decisión mejoró mucho la circulación dentro de la vivienda y contribuyó a que la luz natural avanzara y se reflejara por todos los rincones.

Otro gran acierto fue apostar al color blanco, en su versión más pura. Se convirtió en el gran protagonista, que avanzó por muros, cielorrasos y muebles laqueados, y cuya máxima virtud es potenciar la claridad que entra por los ventanales. Además, contrasta perfectamente con ciertos elementos de la deco, como la chimenea de acero pintado, la cocina equipada con muebles de nogal, las escaleras oscuras que conducen al piso superior y la inmensa puerta vidriada del hall de distribución.

Lo interesante de cualquier escenario blanco es que siempre destaca las formas y las texturas de los objetos. Pone en valor al diseño. Y es una apuesta sin rivales cuando se busca un efecto despojado, transparente y diáfano en todos los espacios.

En modo contemporáneo

Otro de los objetivos de la reforma fue imprimir a la casa un carácter actual. El mobiliario a medida, resuelto con varios muebles empotrados, se integró con la arquitectura y reforzó la ligereza de la vivienda. Un ejemplo es el increíble mueble que alberga la chimenea, el sector de la leña y una zona superior para el guardado de la vajilla, cristalería y otros complementos para servir la mesa.

También los viejos pisos se reemplazaron por tablones de madera de arce, que aportan un toque cálido al espacio monocromático.

La cocina recibió una total transformación con muebles herméticos tipo avión que suman la calidez de la madera y la incorporación de una isla, clave en los encuentros culinarios con amigos.

Todas las luminarias que se agregaron fueron realizadas por las manos expertas de artesanos locales.

Nuevo minimalismo

Este estudio canadiense, cuyos trabajos buscan el equilibrio entre tradición y modernidad, se jugó en este proyecto por el llamado “nuevo estilo nórdico minimalista”. Una estética libre de muebles superfluos, cuadros y accesorios, que rinde un gran homenaje al espacio y la luz. También huye de la atracción por los colores estridentes y prioriza los tonos neutros, la austeridad y la calidad de los materiales.

Como dijo alguna vez Antonio Citterio, un gran referente del minimalismo, la idea es proyectar “un diseño para durar más que para deslumbrar”.

Cuando los ambientes se muestran tan desnudos, cobra importancia la perfección de las terminaciones. Todo está en su sitio y queda a la vista. No hay elementos que distraigan ni escondan detalles poco felices.

Para algunos este eco del minimalismo, tan de moda en los 90, es una tendencia fría, demasiado “pulcra” y poco realista para la vida familiar. Sin embargo, gana cada día más fans en el mundo, entre otros motivos, porque consigue crear verdaderos oasis de paz, que inspiran descanso, silencio y serenidad en medio del caos urbano.

Es un estilo que también sintoniza con las corrientes de jóvenes desencantados que cuestionan el consumo excesivo, la acumulación y el apego a los bienes materiales.

El famoso dogma “menos es más” de Mies van der Rohe, padre de la arquitectura minimalista, sigue vigente como en los años 30, cuando era la vanguardia de la modernidad. Apunta a lo esencial y tiene una ideología práctica: la forma sigue a la función. En principio, los espacios despojados se vuelven fáciles de limpiar y los muebles resultan piezas neutrales que se esfuerzan por ser útiles, cumplir a rajatabla un rol funcional a sus usuarios.

El lujo de la luz y el espacio lo dice todo. ¿Qué se puede agregar? En esta casa de Montreal, que podría estar en cualquier ciudad cosmopolita del mundo, su esencia está a la vista. La armonía no tiene precio.

 

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