El lujo del propio vino

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El encanto del mundo del vino seduce con la posibilidad de ser dueño de un pequeño viñedo. De la mano de expertos, cada vez más extranjeros y locales encuentran en la inmensidad del Valle de Uco, en Mendoza, la oportunidad de cumplir el sueño de producir un vino con sello propio. Como modelo de negocio o por puro placer, entre enólogos expertos y aprendices, los nuevos vinos son de autor.

Txt: Vanesa Ivanoff Ph: Gentileza Finca Propia

Desde hace algunos años, el mercado de lujo gourmet en Argentina vive su momento de esplendor. Resulta cotidiano disfrutar del placer de una buena comida con ingredientes y sabores orgánicos, un café de selección, aceites de oliva ‘premium’ o las antes aristócratas hebras del té de distintos rincones del planeta. Sin embargo, cuando se piensa en consumos selectivos, el vino argentino seduce en todo el mundo. Lejos del vino de mesa, con botellas de autor, bodegas ‘boutique’ y la agricultura biodinámica como bandera, la producción argentina compite entre los mejores de calidad y buen gusto. Pero cuando se trata de paladares más sofisticados, la ilusión de tener un vino con sello propio, es un anhelo siempre vigente.

En el caso de la vitivinicultura local, las propuestas que tientan a los amantes del buen vivir y también a pequeños inversores, son animarse a ser dueño de una hilera de viña, un ‘terroir’ o, simplemente, de algunas vides para elaborar vinos sofisticados de la mano de los mejores enólogos del país y con la propia firma estampada en la etiqueta.

En La Arboleda en Valle de Uco, a 7 kilómetros de Tupungato, se ubica el desarrollo de Antonio Mas, uno de los fundadores de la mítica bodega La Anita. Finca Propia, con cincuenta y seis hectáreas de superficie de viñedos de más de 20 años a novecientos cincuenta metros sobre el nivel del mar es una de las iniciativas más flexibles a la hora de hacer el propio vino. Allí, el enólogo despliega su ‘savoir faire’ para cumplir el sueño que tienen los sibaritas de ser propietarios de un viñedo propio, sin desembolsar sumas imposibles.

La zona del establecimiento se ubica entre los mejores terruños vitivinícolas del mundo: Entre Poemrol, Champagne y Napa Valley. Es que Antonio Mas ideó el proyecto junto a su hijo con el propósito de hacer un vino único y exclusivo, pero además para enseñarles a otros la maravillosa experiencia de hacer un producto de la tierra.

En un punto mágico para la elaboración de vinos intensos y elegantes reconocidos mundialmente, la propuesta, con una inversión inicial de $69.000, es realizar una producción de calidad a baja escala. Además de ser parte de actividades ligadas al mundo del vino y otras relacionadas con su producción, el inversor recibe el fruto de su porción de finca: 24 vides que corresponden a 74 botellas, una hilera representan 144 y un terroir, 360 por cosecha. El ser dueño de una parte de esta finca y recibir el vino en forma directa, posibilita un costo mucho más accesible que a través de la cadena comercial. Tal es así que el integrante del fideicomiso recibe anualmente sus vinos, con una etiqueta personalizada, que incluye su firma y la del famoso enólogo. La experiencia se completa con una agenda de actividades que incluyen la cosecha, cosecha nocturna, degustaciones, poda y hasta el privilegio de plantar nuevas variedades. Es, entonces, al pie de la cordillera, en un paisaje de privilegio, donde los sueños de enólogos de prestigio y aprendices del vino se ensamblan para transformarse en vinos ‘for export’.

Manos expertas para vivir entre viñas

Plantar, cosechar y hasta crear un ‘blend’ propio es posible a pesar de estar a miles de kilómetros de distancia. Gracias a la visión del norteamericano Michel Evans y de Pablo Giménez Rilli, con tradición vitivinícola de más de cuarenta años, The Vines of Mendoza es una propuesta más exclusiva. Desde su visión, es posible cumplir la la tarea de ser artífices del propio vino, aún estando en cualquier lugar del planeta. También en el corazón del Valle de Uco, ambos apuestan a hacer realidad el deseo convertir a sus clientes  en verdaderos enólogos: el desarrollo que lideran promueve producir vinos exigentes en un viñedo privado de entre una a cuatro hectáreas.

La gestión profesional está a cargo del equipo del enólogo Santiago Achaval, reconocido como uno de los más prestigiosos de Argentina, de acuerdo a Wine Spectaror y Wine Advocate. El proyecto supone los trabajos en el viñedo, la elaboración del vino, el manejo de la logística -incluyendo la aprobación de las etiquetas- así como la importación y la exportación. Lo cierto es que actualmente cuentan con 185 propietarios, mayormente extranjeros, que se vieron seducidos por los imponentes paisajes mendocinos y encontraron en el viñedo una buena inversión, pero además un estilo de vida. Tal es así que en función a esta demanda, se han destinado 600 hectáreas del predio para el desarrollo del negocio de ‘real state’ entre viñas.

Pero si se trata de vivir entre viñedos, la última apuesta en la zona es la de Tupungato Winelands, el primer ‘wine country club’ del mundo. Ubicado, también en el Valle de Uco, rodeado de la exuberante Cordillera de los Andes, en el distrito de Gualtallary, el ‘master plan’ incluye casas, departamentos, suites y lotes que suponen la premisa de apropiarse de las alturas. Allí la experiencia singular del lenguaje del vino se completa con una cancha de golf de 18 hoyos y dos canchas de polo de nivel internacional, un ‘club house’, restaurantes, canchas de tenis, fútbol, una bicisenda y una laguna. Con instalaciones de primer nivel, se trata de tener una casa propia con el mejor ‘lifestyle’ entre viñedos y la posibilidad de integrar el fabuloso proyecto del apasionado vitivinicultor Matías Michellini, Can Pedra. Un terruño de 48 hectáreas con una bodega que promueve los principios de la agricultura biodinámica de Rudolf Steiner, en la que todo viñedo es observado en su individualidad, sumando su entorno formado por plantas y animales para emular a la naturaleza y crear un ambiente autosustentable. Su único objetivo: cuidar a la Tierra para las futuras generaciones.

Tal es así, que en la producción, los enólogos y nuevos propietarios, acuerdan con el cosmos, planetas y estrellas las características de sus vinos. Es que se cree que los movimientos de la naturaleza y la tierra en sí mismas tienen un impacto directo a la hora de hacer mejores vinos.

Echar raíces frente a los majestuosos Andes, desarrollar el amor por lo natural y el producto de la tierra, elaborar vinos para paladares exclusivos en un entorno de privilegio, es lo que eligen cada vez más los amantes de las uvas. Los nuevos propietarios elaboran vinos a medida gracias a las buenas ideas de enólogos con prestigio y empresarios con audacia que apuestan a la calidad de los vinos argentinos. Ya sea estando en contacto directo con la planta y siendo parte del proceso, o desde lejos -pero con la tranquilidad de ser asistido por los mejores-, ser dueño de un viñedo propio es, hoy, un lujo posible.

+info_

vinesofmendoza.com
fincapropia.com
tupungatowinelands.com

 

 

 

 

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