VINOS DE VANGUARDIA

Vinos de vanguardia

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Una nueva generación de vinos nace de pequeños e innovadores proyectos destinados a cambiar el clásico estilo argentino. Las cepas se reinterpretan y las manos de enólogos expertos generan otras variantes con el acento puesto en la calidad extrema.

Txt: Daniela Hegouaburu
Ph: Gentileza bodegas

 

El ‘boom’ que vivió la vinicultura en Argentina, allá por el año 2006, presentaba un escenario alentador en el que cada semana se sumaban nuevas bodegas y proyectos enológicos. Llegaban capitales extranjeros a invertir, se fusionaban grandes firmas y empresarios de todos los rubros, compraban bodegas. Este pico de actividad en el sector se frenó con las sucesivas crisis económicas y como resultado, la industria cambió el rumbo hacia una especialización mucho más en sintonía con la calidad de los vinos, que con la meta de copar el mercado local y extranjero.

Sin embargo, cada año hay nuevas firmas autorizadas a elaborar vinos. Según el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), son unas 918 las bodegas elaboradoras, entre los gigantes de la industria y aquellos pequeños que elaboran en sus propias fincas.

Lo que menos abunda hoy es la inversión extranjera y el negocio se vuelve atractivo para empresarios con el sueño de la bodega propia, productores de uva que deciden lanzarse a hacer solos sus vinos y jóvenes referentes del sector -en su mayoría enólogos- que empiezan proyectos personales todo a pulmón.

Focalizados en vender en el país o produciendo netamente para el negocio exportador, hay bodegas que se han hecho de renombre en pocos años gracias a sus productos de gran calidad que cosechan elogios en todas las premiaciones y ‘rankings’ del mundo.

En su mayoría son marcas de alto nivel, con un perfil diferente a lo conocido. Es la nueva generación de nuestra vitivinicultura que rompe el molde cambiando los procesos de vinificación, apostando por nuevos cortes o cepas novedosas, siguiendo el estilo internacional y por sobre todo, ofreciendo una nueva imagen al vino.

 

La apuesta de los enólogos

Hasta hace poco sólo se veneraba a los famosos ‘flying winemakers’ que llegaban de las mecas productoras del mundo, a las que la industria local siempre mira e intenta imitar. Ellos hacían su labor como asesores externos de la bodega, aportando su talento para lograr productos excepcionales.

Junto a estos, también se destacaban profesionales de renombre con muchos años al servicio de las bodegas y principales hacedores de los vinos más legendarios del país.

Pero el cambio para ser más competitivos debía surgir desde adentro, en las nuevas generaciones de enólogos. El éxito de una buena materia prima y un moderno manejo de los cultivos, fue sin duda el inicio de excelentes mostos; y junto a la visión de estos artistas, el resultado fueron vinos diferentes, vinos de los que habla el mundo y que ponen al país entre las grandes potencias productoras.

La fama entonces llegó para algunos enólogos que venían “tapados” bajo el nombre de la gran bodega y apostaron una producción pequeña, ‘boutique’ y personal.

Uno de los personajes más relevantes ha sido, sin duda, Alejandro Vigil, Chief Winemaker de Catena Zapata quien, en sociedad con Laura Catena, construyó Bodega Aleanna para su exitoso vino El Enemigo.

En Cruz de Piedra -Maipú-, donde está su casa, revive los primeros Malbecs de la zona, pero con un concepto totalmente distinto de vinificación y respetando a ultranza la región. Este proyecto de subsistencia -como él lo llama-, incluye el trabajo conjunto con las familias del lugar. Se elaboran entre 70 y 100 cajas súper ‘premium’, entre las que se destaca Vigil El Infierno, un ‘blend’ muy frutal y raro de Monastell, Syrah y Garnacha (80%), esta última, una uva pisada en un lagar de piedra que se deja macerando en su mosto por tres días. Se cría en ánforas de cerámica y huevos de cemento.

VINOS DE VANGUARDIA

El vino a pulmón

Los nuevos referentes del vino tienen características en común: elaboran partidas muy limitadas y por sobre todas las cosas, con mucho énfasis en la calidad, apuntando siempre a vinos más amables al paladar.

Durante décadas se hicieron vinos muy maduros, con altos niveles de alcohol, dulces y con elevados porcentajes de madera. Gracias a ellos se logró la fama mundial del Malbec, por ejemplo, pero hoy se los piensa de otra manera. Es posible que el modelo esté agotado o que simplemente la tendencia pase por vinos más frescos, con menos dulzor y más acidez, listos para acompañar cualquier plato.

Aquí, entonces, se fija el punto de partida donde hacen de las suyas, nuevos ‘winemakers’ que a su modo, están llevando adelante una revolución en nuestros clásicos vinos. Un gran ejemplo es el estadounidense Pol Andsnes con su Bodega Polopuesto. Oriundo de San Francisco, pero radicado hace años en Mendoza, trabaja junto a Matías Michelini en Passionate Wine y a la vez, tiene su pequeño proyecto de pocas botellas. Se trata de dos Malbec hechos con el método de maceración carbónica, muy frescos y que nada tienen que ver con lo hasta ahora se conocía en la cepa.

Por el lado del Cabernet Sauvignon, Lucas Pfister, un joven hacedor de vinos en la zona de Ugarteche, elabora su 40/40. Es un tinto muy delicado de perfil absolutamente fresco, muy bebible, todo lo contrario a lo que esta cepa tan dura y rústica nos tiene acostumbrados. En este vino confluyen las influencias de lo viejo y lo nuevo como una manera de reinventar el clásico Cabernet.

 

Renacer y revolucionar

Historias de resurgir es lo que más abunda en las nuevas etiquetas que llevan detrás muchos años de trabajo y tradición viñatera, y que hoy son protagonistas de un nuevo estilo.

En la Patagonia, por ejemplo, Flor del Prado es una pequeña bodega familiar aún en proyecto, única en el corazón del Alto Valle Rionegrino. Luego de muchos años de trabajo, en 2013 fue recuperada (estaba en desuso desde 1970) para elaborar un Pinot Noir y un Malbec Rosé, ambos de estilo joven y fresco. Son tan sólo 10.000 botellas al año las producidas, que incluyen también Chardonnay y Sauvignon Blanc.

Otro gran referente que hace honor a su historia es Roberto de la Mota, hijo de Don Raúl de la Mota (todo un prócer de la industria), quien a fuerza de trabajo -fue parte de Terrazas de los Andes- se hizo su lugar y es uno de los grandes enólogos argentinos. Independiente hoy, hace consultorías y se dedica a su propio proyecto bautizado Mendel y a sus vinos Revancha -que ya cuentan con el corte La Gran Revancha y La Primera Revancha Malbec-, en clara alusión a un accidente que casi le cuesta la vida en el 2007. Elabora estos nuevos vinos junto a su hijo Rodrigo, quien destaca su Malbec Valle de Uco, fresco, con toques ácidos y especias, que tuvo crianza en barrica de 12 meses.

El nuevo paradigma

No existe un registro sobre la cantidad de marcas que se comercializan cada año, ya que aparecen nuevas y otras se desintegran tras algunas cosechas. Muchas veces son decisiones empresariales (justificadas desde los vaivenes económicos) las que hacen desaparecer el producto en cuestión; pero a la vez, el mercado nunca se estanca con lo ya conocido.

Los vinos clásicos siempre ocupan su lugar, aunque también hay apuestas por versiones novedosas de nuestras tradicionales cepas y hasta innovaciones totales con uvas impensadas. Tanto los grandes productores que toman el riesgo, como los emprendedores que con sus propios ahorros llevan adelante su proyecto, la intención siempre es modernizar y encontrar nuevas variantes a un producto que se adapta a las tendencias y modas, pero que hace su propio camino.

 

Vinos distintos, nuevas bodegas

Cara Sur Criolla 2014: en Barreal, Valle de Calingasta en San Juan, una rareza de vino que revaloriza la primera cepa tinta que llegó al país, la Criolla Chica. El resultado es un vino muy frutal con notas herbales, rústico en boca y con el acento bien marcado de las frutas rojas.
Philippe Caraguel Extra Brut: con el sello del director de enología de la bodega Atamisque, este proyecto personal reúne las cepas Chardonnay y Pinot Noir, elaboradas por el método tradicional, pero con el uso de licor Cognac en una segunda fermentación en botella, al estilo del Champagne francés. De burbuja fina y aromas complejos, tiene la textura del terciopelo, con aroma sutil y notas de frutas dulces. También tiene una versión Extra Brut Rosé.
Fuego Blanco de Pedernal Malbec-Syrah: ganador de la medalla de plata en los Argentina Wine Awards, viene del Valle de Pedernal en San Juan. Se elabora un 40% de Syrah bajo maceración carbónica al estilo de los vinos Bejauloais y el restante Malbec fermentado en cemento, resultando un vino fácil de beber con acento en la fruta madura.

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