Finlandia, la revolucion educativa

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El cineasta estadounidense Michael Moore lanzó el año pasado su documental “¿Qué invadimos ahora?”, en el cual intenta descifrar, entre otras cosas, porqué Finlandia tiene el mejor sistema educativo del mundo. Para eso, hace una comparación entre los modelos escolares del país nórdico y Estados Unidos que invita a reflexionar.

Txt: Catalina Pelman Ph: stokpic

En 2016, Finlandia terminó quinto en las pruebas PISA, lideró el ranking de calidad de Capital Humano del World Economic Forum,y la OCDE nombró a su régimen educativo como el mejor en su estudio Better Life. La historia cuenta que, hace unos años, los sistemas educativos de Estados Unidos y el país nórdico funcionaban de manera similar y sus estudiantes quedaban en el fondo del ranking internacional. Sin embargo, Finlandia pudo revertir la tendencia y colocar a sus estudiantes en la cima mundial. ¿Cómo lo lograron tan rápido? ¿Por qué los niños finlandeses aventajan a los demás?

Con esas preguntas, Michael Moore entrevistó a la ministra de Educación Krista Kuiru, a directivos y docentes, y a alumnos de escuela primarias y secundarias de Finlandia.

 

El gran secreto

En la primaria finlandesa, la cantidad de horas diarias que un niño pasa en la escuela no es fija. Lo importante es que cumpla 20 horas semanales, que incluyen el tiempo de almuerzo. Las docentes consultadas por Moore afirman que el cerebro debe relajarse y que tenerlo ocupado durante largos períodos obstaculiza el aprendizaje.

Si los estudiantes finlandeses tienen la jornada y el ciclo escolar más corto de todo el mundo occidental. ¿Cómo es posible que obtengan los mejores resultados en las evaluaciones internacionales? La respuesta es simple: los chicos aprovechan al máximo el tiempo dentro del colegio y casi nunca llevan tarea para casa. Para la ministra Kiuru, ese es el secreto del éxito finlandés.

Por ejemplo, los estudiantes entrevistados por Moore revelaron que el día anterior no habían dedicado más de 20 minutos a completar deberes. Esto se debe a que el sistema educativo finlandés considera que la tarea es obsoleta y que los niños tienen muchas actividades que realizar después del horario escolar ¿Cuáles? Pasar tiempo con sus familias y amigos, hacer deporte, escuchar música, leer, jugar y disfrutar del corto tiempo que dura la niñez.

Las claves del éxito

El gran rendimiento de este sistema educativo, sin embargo, no puede estar basado solamente en la ausencia de tarea para el hogar. Según el director de Innovación y Divulgación de Educluster en Finladia, David Marsh, los secretos del éxito son siete, y los explica de la siguiente manera.

En primer lugar, Finlandia aplica un sistema basado en las competencias de los estudiantes que les permite aprender contenidos educativos relevantes y las habilidades que necesitan para desenvolverse en el siglo XXI. Por otro lado, la inversión de capital es fundamental: desde 2014, el gasto público finlandés en Educación supera el 6% del PIB. Pero más allá de lo financiero, “incluye la apreciación del arte de enseñar, el poder del capital docente y los beneficios socioeconómicos derivados de la equidad”. Por eso, la educación es pública y gratuita para los niños de 7 a 16 años, incluyendo libros de texto, material de didáctico y una comida caliente al día. Y si no hay establecimientos privados, los niños de todas las clases sociales crecen juntos y se hacen amigos.

La filosofía educativa finlandesa se basa en la premisa de que la conectividad conduce al aprendizaje a través de la interacción. Por eso, “se aplican metodologías que promuevan la activación del pensamiento crítico y del aprendizaje activo, entendiendo que la construcción colectiva de conocimiento se da a lo largo de toda la vida”.

Además, este sistema considera que “las vías de conversación conducen al establecimiento conjunto de objetivos”. Así, el gobierno y los expertos en educación fijaron las metas; los padres y los ciudadanos las discuten; y los maestros y los estudiantes establecen acuerdos, “haciendo hincapié en el aprendizaje cooperativo, el uso de la evaluación y la retroalimentación, y una amplia apreciación compartida del valor de la educación”. El aprendizaje colaborativo, que destaca la asociación entre maestros y estudiantes, hogares y escuelas, conforman “el rico ambiente de aprendizaje finlandés de diálogo y creatividad que toma a cada niño como un científico a realizarse”.

La propuesta finlandesa invita, también, a “cruzar los límites de los sujetos para invitarlos a una mayor interacción entre la mente, el cerebro y la educación, brindando oportunidades para diversificar las experiencias de aprendizaje”. Los temas del currículum pueden ser independientes, pero deben estar atravesados por metas como la creación de conocimiento y el desarrollo de competencias y habilidades.

Por último, si todo se desarrolla en entornos de aprendizaje cómodos y seguros, el éxito está asegurado. Porque “hay una interacción poderosa entre las actitudes y las emociones que afecta a los resultados del aprendizaje para las personas”. Por eso, las escuelas finlandesas establecen “una cultura de confianza, flexibilidad y participación para promover altos niveles de alfabetización emocional y empatía”.

 

Saquen una hoja

Para el profesor de Matemáticas entrevistado por Moore, el problema es que en el mundo occidental los docentes enseñan a aprobar exámenes estandarizados en lugar de ayudarlos a descubrir el modo de aprender que los hace felices.

En cambio, en Finlandia, la evaluación no es un momento aislado sino parte de la rutina escolar. Por eso, este modelo se basa en la evaluación continua, que busca guiar a los alumnos en su proceso de aprendizaje y cada niño recibe al menos un informe individual al año. Tampoco se toman exámenes nacionales en la educación básica. Sin embargo, los maestros evalúan a cada estudiante al final del curso y lo califica para el certificado de cumplimiento de la educación obligatoria que se entrega al finalizar el noveno grado. Por otro lado, el sistema escolar finlandés apunta al desarrollo de las capacidades de autoevaluación en los alumnos de la escuela básica. Para ayudarlos a aprender a tomar conciencia del proceso de aprendizaje y de su progreso, impulsa instancias de autoevaluación con el propósito de apoyar el desarrollo de su aptitud de autoconocimiento y estudio.

Podría pensarse que, sin exámenes estandarizados, Finlandia no tiene herramientas para saber cuáles son las mejores escuelas del país. Sin embargo, la ministra asegura que “la escuela del barrio siempre es la mejor”, porque todas son iguales. De esta forma, si una familia se muda a otra ciudad no necesita preocuparse por buscar una nueva escuela para sus hijos.

 

La segunda revolución

Tal como asegura Marsh, más allá del éxito finlandés de los últimos años, “hay una necesidad de un salto educativo tan grande como el salto de la generación que ahora estamos presenciando, debido -en gran parte- al acceso a Internet y a los nuevos dispositivos digitales”.

Hasta el sistema educativo más exitoso debe adaptarse a las exigencias del siglo XXI. Por eso, el país nórdico comienza a hacer experiencias con gamificación, simulación, escritura digital y estrategias de aprendizaje individualizado que permiten ofrecer al alumno la actividad más adecuada para sus posibilidades e intereses.

Desde 2016, en Finlandia es obligatorio enseñar de manera colaborativa y utilizar el Phenomenon-based Learning, conocido como aprendizaje basado en proyectos, que elimina las asignaturas tradicionales, concede al alumno un rol activo en el proceso de aprendizaje y lo provee de las herramientas necesarias para desenvolverse con soltura en la resolución de problemas típicos del nuevo milenio.

Pero algunos especialistas no están de acuerdo con este cambio de rumbo. En general, los críticos temen que esta nueva modalidad deteriore la calidad, profundidad y cantidad de los contenidos ofrecidos, sobre todo en el nivel superior. Además, argumentan que este método puede incrementar las diferencias cognitivas entre compañeros, que históricamente son muy reducidas en este país.

 

De Finlandia para todo el mundo

¿Es posible transplantar este modelo educativo exitoso a un país como Argentina? Aunque sea difícil resistirse a la tentación de imitarlo, no se debe olvidar que se trata de sociedades con características culturales y estructurales distintas. Por eso, tal vez no sea posible reproducir exactamente la receta finlandesa, pero sí tomar y adaptar su espíritu o algunas de sus principales premisas.

En este sentido, David Marsh recomienda prestar atención a “las partes que impulsan el éxito” y preguntarse: “¿La sociedad realmente quiere un sistema educativo mejorado? ¿Hay mucha charla, especialmente en el ámbito político, pero no hay mucha acción real?”. Para Marsh, “el secreto finlandés del éxito se basa en la atención sistémica”, porque los estudiantes, las familias, los empleadores y los políticos apoyan a los profesores y a las demás personas que trabajan en las escuelas, en una dinámica en la cual “todos tienen interés porque todos ganan si los jóvenes acceden a una educación relevante, alegre y de calidad”.

Según el informe del Centro de Estudios de la Educación argentina de la Universidad de Belgrano, publicado en abril de este año, los alumnos locales de nivel primario tienen un promedio de 720 horas anuales de clase, mientras que en Finlandia tienen solo 632. Tal vez sea necesario cambiar la mirada local sobre la cuestión: ¿importa más la calidad de las clases o la cantidad de horas que los chicos pasan en la escuela?

El mundo está cansado de oír hablar del éxito de Finladia, y a menudo se afirma que la experiencia no se puede replicar. Sin embargo, Marsh está convencido de que esa perspectiva es cínica y negativa porque “dondequiera que vivan, siempre se trata de niños y jóvenes”.

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finlandia.org.ar
educlusterfinland.fi

 

 

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