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Matemática para todos

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Guillermo Martínez es uno de los escritores argentinos más leídos y traducidos en el mundo. Reconocido por su labor literaria a través de múltiples premios nacionales e internacionales es, además, doctor en Matemática. Consultado por BA MAG, Martínez reflexiona sobre la relación entre Ciencia y Literatura, sus formas de enseñanza en la actualidad y las ventajas que ofrecen las nuevas tecnologías.

Txt: Catalina Pelman
Ph: Gentileza Guillermo Martínez y Pressfoto – Freepick.com

Aunque sus obras están destinadas a un público adulto, tres de ellas vienen acompañadas por una guía de lectura para estudiantes de nivel secundario. Es el autor de la novela Crímenes Imperceptibles, llevada al cine por el director español Alex de la Iglesia con el nombre Los Crímenes de Oxford. Además, este Ciudadano Distinguido de Bahía Blanca -su localidad natal- ejerció la docencia y la investigación en la UBA durante 20 años, aunque fue dejando esas actividades para dedicarse por completo a la literatura. Sin embargo, hoy es profesor en la Maestría de Literatura Creativa de la UNTREF y coordina talleres literarios. Además, colabora con artículos para varios medios de tirada nacional, fue jurado de grandes certámenes y recibió el Premio Hispanoamericano Gabriel García Márquez por Una Felicidad Repulsiva (2014).

Martínez comenzó a pensar seriamente en las analogías y diferencias entre la matemática y la literatura recién en 2003, cuando empezó a escribir Borges y la Matemática. En primer lugar, asegura que “hay una cantidad de temas que la ciencia puede darle a la literatura como inspiración”. Por otro lado, cree que hay una “actitud científica” que la literatura podría tomar dado que “por lo general, no está presente en las humanidades, donde se ve mucha variante de lo mismo”.

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¿Cuáles son los preconceptos que circulan en torno a las ciencias exactas, respecto de las humanidades?

Esa es una de las desgracias que tienen nuestras carreras universitarias, que permiten esa diferencia entre las ciencias exactas y las humanidades. No puede ser que un estudiante de filosofía no sepa matemática porque, por ejemplo, el Tractatus de Wittgenstein queda fuera de su alcance, y hay una serie de cosas que no podría llegar a entender porque hay una huella muy grande de la Matemática en la historia de la Filosofía.

¿Se puede aprender matemática a cualquier edad?

Hay un malentendido con la matemática que tiene que ver con una cierta cantidad de conceptos que a temprana edad no se pueden entender, que provocan un primer choque o trauma en el aprendizaje de la materia, y creo que es sobre eso que habría que ser muy cuidadoso en la educación. No creo que la matemática sea sólo para pocos, para los dotados. Sino que hay que tener una manera adecuada de iniciar a los chicos.

¿Cómo deberían aprender matemática los niños?

La infancia es un momento en el cual los chicos son especialmente diestros, hábiles y permeables a una cantidad de disciplinas: los deportes, los idiomas y la música. Piaget lo estudió muy bien: hay operaciones matemáticas que los chicos no pueden entender del todo bien hasta que tienen alrededor de 11 años. Entonces, ¿por qué no aprovechar esos años en los que están en maduración esos conceptos para enseñarles lo que sí pueden aprender? Y que la matemática venga a través de juegos como el ajedrez, donde hay bases como la anticipación, la bifurcación de razonamientos, planear estrategias, darse cuenta de que no importa cuál sea el caballo porque todos se mueven igual, la simetría… Con los videojuegos se podrán crear múltiples variantes, y los chicos podrán absorber la matemática jugando. Todo esto requiere una discusión muy larga y otra formación docente. Adrián Paenza ha hecho mucho por, al menos, quebrar esa primera capa de resistencia. Ha logrado convencer a generaciones de chicos de que puede haber un costado divertido en la matemática.

¿Cómo ve la enseñanza de la literatura hoy? ¿A los chicos les cuesta producir?

Creo que se abrió una perspectiva imprevista, que es el contacto a través del chat. Los chicos hoy escriben para comunicarse, cuando hasta hace algunos años eso era raro. Pero no sólo para escribir, con los celulares hoy se pueden hacer películas porque cuentan con una cantidad de recursos extraordinarios. Para hacer una película hay que pensar primero en una estructura, ensayar diálogos, y la escritura está por debajo de todas estas cosas. Por eso yo no creo que la producción esté perdida, creo que hay otras posibilidades.

¿Los chicos no leen?

Está el fenómeno de Harry Potter ¡quién se lo hubiera imaginado! Yo creo que los chicos no leen hasta que encuentran algo que les interesa. Entonces cada profesor tiene que saber encontrar cuál es el libro para cada chico, proponer desafíos, darles los espacios. Los chicos necesitan silencio y concentración, que los profesores se pongan a leer a la par, hay una cantidad de rituales que se pueden combinar para que los chicos empiecen a incorporar el hábito de la lectura.

En las escuelas secundarias leen sus obras…

Estoy muy contento de que en muchas escuelas se esté proponiendo la lectura de Crímenes Imperceptibles, me parece maravilloso que los chicos lean, pero no me hace del todo gracia que estén obligados a hacer tareas y a rendir exámenes sobre los libros. Eso le da un aspecto odioso a la lectura. Los chicos deberían llevarse la idea de que la literatura es muy vasta, que pueden encontrar de todo, que pueden hacer su propio camino, que hay una biblioteca con muchos libros y que si no les gustó este les puede gustar otro.

¿Cómo fue la experiencia de realizar un compilado de cuentos para alumnos de secundaria?

Fue excelente: buscábamos hacer una selección de cuentos que incluyera, sobre todo, escritores argentinos vivos. Pusimos algo de Borges y de Cortázar para que los maestros no se espanten. Intentamos algo diferente, teniendo en cuenta que para los chicos las temáticas cambian. ¿Qué papel juegan hoy las nuevas tecnologías? ¿Desaparece el libro o hay nuevas formas de leer?

El e-book supera al libro en varias cuestiones: con el mismo tamaño se puede llevar una biblioteca entera, leer en la letra que te resulte más cómoda, y se pueden realizar todas las operaciones como subrayar y escribir notas. Además, hay un movimiento agradable en la lectura en el e-book, la forma de pasar las páginas, sería perfecto si existiera un modo de abrirlo. Sin embargo, extraño el libro. Como si yo no estuviera con la cabeza lo suficientemente adaptable como para decir “tiro mi biblioteca, total tengo todo digital”. Y trato de pensar por qué. Una cosa que uno tiene de inmediato en un libro ya leído es la instantaneidad de hojearlo y ver las marcas que uno le hizo. Después está la apropiación, uno lee el libro y lo tiene en la biblioteca; pero en el e-book uno lee y después es como que desapareció. Por otro lado está la cuestión de los precios del libro de papel, que son absurdos, eso también hace que uno empiece a buscarle atractivos a lo digital.

¿Por qué la figura de la Feria del Libro fue un youtuber?

Siempre creí que la Feria del Libro es un espacio intermedio. No es la librería, ese templo de los que ya son religiosos. Hay mucha gente que va por los libros pero hay también otras atracciones. La estrategia de la Feria debería ser que aquellos que entran sin expectativas salgan con un buen libro, que esté barato y que las personas salgan diferentes de como entraron. En general los escritores desprecian la Feria. Yo creo que hay que convertirla en algo mejor, es una plataforma extraordinaria, en pocos países desfila un millón de personas con intención de comprar un libro. Si a esa gente se la das en bandeja al youtuber, bueno… Al revés, hay que usar al youtuber para que 100 mil personas se lleven un libro a la casa, que no sea el del youtuber. Si el saldo de la Feria son los números, cuánta gente entró y cuántos libros se vendieron, sin importar cuáles, estás frito.

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En cuanto a la idea de competencia que circula en el ámbito educativo, Martínez asegura que se cree que “es perjudicial y dañina para la formación de los chicos”. Por eso, “hay escuelas donde no se fomentan las olimpíadas matemáticas”, aunque sí se permite que los mejores deportistas participen en distintos torneos. “¿Por qué está bien que los chicos se destaquen en deportes y no en otras áreas?”, se pregunta, y agrega que “es importante aprender a perder, porque si no los argentinitos crecen creyendo que lograr el segundo puesto en una Copa América es una deshonra, una humillación”.

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