Universos de colores

Universos de colores

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Con una idea simple, poderosa y enorme, el ilustrador Iván Kerner se fue a darle la vuelta al mundo, dando talleres gratuitos de dibujo a miles de chicos de diferentes culturas. Hoy, a un año y dos meses de su partida, Iván nos cuenta desde la India, su inspiradora y apasionante aventura.

Txt.: Paula Mom
Ph: Sofía Nicolini Llosa

 

Lleva puesta una remera de la selección argentina y una mochila cargada de lápices y acuarelas. Camina por una calle de tierra de algún pequeño pueblito peruano y con megáfono en mano y a todo volumen, arranca la convocatoria: “¡Buenos días! Invitamos a todos los chicos y chicas que quieran venir a pintar y dibujar. Estamos haciendo un taller gratuito en la plaza. Mi nombre es Ivanke y estoy recorriendo todo el mundo pintando con niños de distintos países”.

Así comienza uno de los tantos videos que Iván sube a la web para compartir su experiencia. A veces, esta misma escena se da –sin megáfono- en la jungla o en diminutas ciudades indígenas. A veces pinta con chicos en escuelas y hospitales de grandes ciudades, y otras veces, debajo de un puente o adentro de un colectivo.

El proyecto se llama Pequeños Grandes Mundos y ya recorrió Latinoamérica y gran parte de Asia. Comenzó en marzo del año pasado, y todavía le quedan 7 meses, 15 países y dos continentes: África y Europa. En total, van a ser más de 15.000 chicos los que participen de los talleres.

La idea llegó tímida un día cualquiera, en la parada de un colectivo y sin sospechas de que se convirtiría en algo gigante y transformador. “Pequeños Grandes Mundos nació en la parada de un bondi, el 18 de mayo del 2013. Una noche, estaba esperando un bondi que no venía nunca, y de golpe, cuando no estaba pensando en nada en especial, me apareció la idea, así simplemente. El plan era dar la vuelta al mundo dando talleres para chicos. Finalmente, frente a un mapa y calculando un poco las fechas, ese año terminó en casi dos. Pensé el itinerario y me puse a buscar contactos para hacer talleres en cada país”.

Así lo relata Iván desde la India, junto a su novia y dibujante Mey Clerici, y Sofía Nicolini Llosa, estudiante de cine que se sumó al proyecto para hacer una película documental sobre toda la aventura. Desde allí, este ilustrador argentino –que hasta hace poco dibujaba para el mundo editorial y daba clases en la carrera de Diseño Gráfico en la UBA-, nos cuenta que financió su proyecto en Ideame, una plataforma de ‘crowfunding’ o financiación colectiva a través de la web. “Por Ideame empecé a vender mis cuadros, hice la preventa del libro que estamos armando, promocioné mis talleres y así junte gran parte del dinero que necesitaba. Fueron diez meses de preparación”.

Pero quizás, lo más interesante sea su visión sobre los dibujantes, su relación con los chicos y los aprendizajes que ellos le van dejando en el camino. “Los niños tienen una gran capacidad para vivir el presente. Nosotros, los grandes, estamos condicionados por el pasado o por lo que va a pasar en el futuro, y nos cuenta estar con la cabeza cien por cien en lo que está sucediendo. Al ser ellos tan esponjas, me hace pensar como un gesto nuestro los puede ayudar a abrirse o todo lo contrario”, sentencia Iván, sin notar que acaba de resumir la verdadera razón de su proyecto.

 

¿Cómo nace tu pasión por ilustrar? ¿Eras el dibujante estrella de tu clase?

Siempre me re gustó dibujar, pero no, nunca fui el dibujante estrella de mi clase ni mucho menos. De hecho, por ser bastante neurótico de chiquito, me frustraba porque no me salía lo que quería, entonces hacía un bollo y tiraba todo. Me dedicaba a copiar o calcar porque me daba más seguridad. Me llevó un montón de años poder disfrutar y relajarme con esa versión de “saber dibujar bien” y hacerlo de modo realista. Soy como una excepción rara porque en general solo siguen dibujando los chicos que lo hacen súper bien, y sobre los que la maestra, los papás y todos dicen “es un genio dibujando, hace un caballo igualito”.

¿Cómo y cuándo te convertiste en ilustrador?

Hice casi toda la carrera de Diseño Gráfico, pero en paralelo cada vez me iba copando más con dibujar. Entonces dejé la carrera y me dediqué a ilustrar a ‘full’, ‘freelance’. Hace ya 10 años que me dedico sólo a dibujar.

¿Cómo era tu trabajo antes del viaje?

Daba clases de ilustración en la carrera de Diseño Gráfico de la UBA. También daba talleres para grandes y para chicos con Paka Paka, el canal del Ministerio de Educación. Los hacíamos en la Feria del Libro, en escuelas, centros culturales y en algunas provincias en distintas ferias del libro. En cuanto a mi trabajo como ilustrador, la verdad es que en este último tiempo estuve casi dedicado cien por cien a armar Pequeños Grandes Mundos. Sin embargo, hice tapas para revistas, como la del Konex y la revista Pink. También, animaciones para la tele y dibujos para juguetes que se hacían en Estados Unidos.

¿Los ilustradores deben ser buenos dibujantes?

No, para nada. De hecho yo no soy para nada buen dibujante y me dedico a ilustrar. Me parece que el trabajo de ilustración tiene que ver más con un laburo de comunicación, con el poder transmitir una idea; y hay un montón de excelentes dibujantes que no son buenos ilustradores. De la misma forma, hay cantantes que tal vez tienen una excelente técnica, pero a mí no me transmiten nada.

Sueños en grande

Financiaste Pequeños Grandes Mundos en Ideame… ¿Cómo lograste que la gente se interese en tu proyecto?

Para mí siempre fue cómodo transmitir el proyecto con mucha sinceridad, con mucha simpleza, con lo que se me ocurría en el momento. No había ningún plan, fue genuino. Y la realidad es que lo que pasó fue ‘flash’, no esperaba que la gente se cope tanto. Me ayudaron un montón. Toda la ayuda la pedí por Ideame y también por Facebook, y cada vez que necesitaba un dato, un contacto o lo que sea, la gente comentaba y lo compartía. No sólo desde Argentina, sino desde muchos otros países.

¿Te apoyó algún ente gubernamental?

Sí, tuvimos el apoyo de cuatro ministerios de Argentina (Educación, Cultura, de Cancillería y de Justicia, y Derechos Humanos). También nos apoyó la Organización de Estados Iberoamericanos y en algunos países, trabajamos en conjunto con UNICEF y la ONU.

¿Cómo es dibujar con chicos?

Es lo más lindo del mundo. Yo no sé como no empecé antes, definitivamente es lo que quiero hacer para siempre. Me divierto un montón y en este viaje estamos conociendo muchos chicos diferentes y es súper interesante. Además de dar los talleres, nosotros hacemos les entrevistas a los chicos, donde les preguntamos qué piensan sobre su país, cómo es su familia, cuáles son sus miedos. Les preguntamos sobre la vida y la muerte, cuáles son sus sueños, qué imaginan del mundo, qué les dirían a los chicos de otros países y a los grandes, qué inventarían… Y también hacemos una cadena de regalos, donde uno de los chicos de un país nos cuenta -en un video- algunas cosas de su vida, de dónde vive, y nos dice cuál es su juego favorito, su comida favorita y su sueño. Y le pedimos que elija, dentro de sus cosas, un regalo para el chico o chica del próximo país y un dibujo. Y el que los recibe, hace lo mismo.

¿Cómo son los talleres?

Hay varios: a veces hacemos uno de autorretratos y otras veces, por ejemplo, hacemos uno de creación de superhéroes locales. Me acuerdo cuando hicimos ese en el norte de Colombia, donde había mucha sequía y se había perdido la cosecha. Entonces, un chico inventó un superhéroe que tiraba rayos a las nubes y podía hacer llover. Fue genial. En otro de los talleres, los chicos cuentan cuál es su sueño y lo dibujan; y a veces hacemos murales con los sueños de los chicos. El último es uno en el que dibujan lo que se les viene a la cabeza cuando nombramos distintos tópicos como Dios, trabajo, amor, vida o muerte. Es como un juego porque tienen seis minutos para cada tema. Y es súper interesante cómo van cambiando los dibujos según la cultura.

¿Cuál es tu objetivo en cada uno de los talleres?

Darles a los chicos un lugar y un espacio de expresión, sobre todo a los que no la están pasando bien. Vamos a orfanatos, a comunidades indígenas muy alejadas, donde los chicos muchas veces no pintaron nunca en su vida y también vamos a villas miseria –sobre todo acá en India-. Entonces buscamos que tengan un rato copado dentro de ese contexto que están viviendo. Otra cosa que buscamos es la conexión entre niños de diferentes culturas. Entonces antes de empezar a dibujar, les mostramos videos de los niños de otros países, les contamos anécdotas y les encanta.

¿Qué es lo que descubren en esos chicos que pintan o dibujan por primera vez?

Nosotros nos emocionamos igual o más que ellos. En general pasa también, que las mamás nunca dibujaron, entonces las invitamos a dibujar entre todos y se da una cosa muy familiar y emocionante. Y es un ‘flash’ como esos chicos que no dibujaron nunca pueden hacer cosas increíbles. Por ejemplo, en la selva, en el Amazonas, las comunidades indígenas hicieron dibujos zarpadamente buenos, sin estar para nada habituados.

¿Dónde se hacen los talleres?

Los talleres los hacemos en todo tipo de espacios. Hemos hecho, por ejemplo, un taller en México el Día de los Muertos en un cementerio. Además siempre tenemos la mochila preparada, así que a veces terminamos dibujando abajo de un puente o en un parque. También tenemos cosas organizadas de antemano: hicimos talleres en escuelas, jardines de infantes, hospitales de niños, centros culturales, museos o en orfanatos, donde nos quedamos varios días.

Hubo una gestión previa…

Sí, la gestión la hice en Argentina y también se va dando en el devenir del viaje. Por ejemplo, en India trabajamos con una chica de una ONG española, que conocía gente en Tanzania y nos puso en contacto con ellos. Así nos van pasando contactos en otros países. También la embajada argentina nos da una mano en cada país. Otras veces, los talleres son a través de UNICEF o de un dato que nos pasan por Facebook.

¿Cómo adaptás los talleres a cada cultura o lugar?

Los talleres son casi siempre los mismos, pero según el lugar trabajamos sobre distintas superficies. Nos gusta respetar los materiales y trabajar con lo que hay en el lugar. Si hay muchas piedras o maderas, las usamos. En la selva usamos palitos y tallos de flores.

Contános como conociste a Mey y cómo se terminó uniendo al proyecto…

Nosotros éramos amigos, nos habíamos conocido dando talleres juntos en escuelas con Paka Paka. Ella estaba en pareja, yo me fui de viaje y a veces chateabamos. Después ella se separó, empezamos a hablar más y más, nos copamos y nos enamoramos un montón. Ella me vino a visitar a México 15 días, cuando no nos habíamos dado ni un beso. Pero antes de eso, ya habíamos comprado el pasaje a China para tres meses más tarde, porque estábamos muy extremadamente copados. Nos encontramos en Shanghái y desde ahí, estamos viajando juntos. Más allá de lo personal, para el proyecto estuvo buenísimo porque ella tiene un montón de experiencia con chicos, y además a veces son muchos niños y hace falta alguien más.

Un mundo mejor

¿Creés en tu proyecto artístico y en el arte como una forma de mejorar la sociedad?

Para mi toda expresión artística está buena para que los chicos puedan decir lo que les pasa, desahogarse. Una nena en Japón me dijo: a veces hay cosas que no sé como decir, entonces las dibujo. Un chico en Vietnam me dijo que cuando dibuja se mete como en otro mundo, y una chica en Jujuy dijo lo mismo, que se mete en un mundo donde todo es posible.

¿Cómo sigue Pequeños Grandes Mundos después del viaje?

La verdad es que se nos ocurren ocho mil cosas por minuto. Cuando volvamos queremos hacer Pequeños Grandes Mundos por Argentina, de Ushuaia a la Quiaca. Por otro lado nos gustaría tener un espacio para profundizar y trabajar con chicos todo el año, aunque también queremos hacer cosas itinerantes e ir a otros espacios, como por ejemplo trabajar con Ph15, que es una fundación que hace talleres de fotografía en villas. Queremos hacer cosas interdisciplinarias: con música, con teatro, con danza.

¿Algo para agregar?

Sí, que me parece que está buenísimo que los papás dibujen con los chicos, que no se lo pierdan y que cuando lo hagan no les digan cómo se hace, y que el sol tiene que ser amarillo…

 

Cómo sumarse

El proyecto sigue necesitando manos para poder concluirse. Por eso los cuadros de Iván, de Mey y otros ilustradores amigos, todavía están a la venta. También se puede comprar el libro por adelantado, pues está en su fase de realización, o colaborar con dinero a través de su cuenta en PayPal.
Contacto: [email protected]
www.pequeniosgrandesmundos.org

 

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