Guatemala

Guatemala, universo de selva, historia y color

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Caminar entre la selva para descubrir las ruinas de Tikal, recorrer las calles adoquinadas de Antigua y los volcanes que la rodean o visitar el colorido mercado dominical de Chichicastenango, son algunas de las fascinantes cosas para hacer en este país caribeño.

Txt Y Ph : Esteban Mazzocini

 

Llegar a este destino de Centroamérica es introducirse en el corazón del mundo maya. Sus asombrosos paisajes esconden costumbres y formas de vida ancestrales. Y las montañas que se encuentran al oeste, albergan más de treinta volcanes de hasta 3.800 metros, característica que suma misterio y fascinación.

Tikal es distinta a Chichen Itzá, Uxmal, Copán u otro gran centro Maya, pues se encuentra inmerso en la misma selva del Petén. Sus imponentes ruinas muestran una geometría sorprendentemente exacta. En la Gran Plaza se encuentran enfrentadas dos pirámides: al oeste la del Gran Jaguar y al este, la de los Mascarones; ambas son las mejores conservadas de todo el complejo.

Sin embargo, el llamado “Templo Cuatro” es el lugar perfecto para apreciar la inmensidad de las ruinas. Mientras tanto, sonidos -no muy lejanos- de monos, pájaros -entre ellos el quetzal- y otros animales, invitan a quedarse en la cima del templo hasta el atardecer.

A un par de horas de Tikal, se encuentra la ciudad de Livingston. Ubicada a orillas del Mar Caribe, es posible acceder solamente en canoa. A diferencia de otras ciudades, uno puede encontrar guatemaltecos negros que hablan español y el lenguaje tradicional, el garífuna. Los garífunas son los descendientes de esclavos africanos traídos a Centroamérica hacia fines del siglo XVIII, desde el país isleño San Vicente.

El estilo de vida de aquí más bien se parece al de su país vecino, Belice, lleno de palmeras de coco, casas pintadas de intensos colores y una economía basada en la pesca y el turismo.

Es posible realizar distintas excursiones. Caminar por la selva hasta Los Siete Altares, navegar el Río Quehúeche, hacer ‘snorkel’ en los Cayos Sapodillas o simplemente disfrutar de unos ceviches frente a la bahía. Todas las opciones son tentadoras. Solo es cuestión de relajarse y disfrutar lo que esta región ofrece.

Antigua, la linda

Desde Livingston un bus nocturno atraviesa distintos pueblos hasta llegar a un lugar mágico. Con sus calles empedradas, sus techos de terra cotta y una arquitectura colonial elegante, Antigua es -sin lugar a dudas- una de las ciudades más hermosas de Latinoamérica.

Durante 223 años (y hasta 1776) fue la capital del país. Más tarde, en 1944, la UNESCO, la declaró Patrimonio Cultural de la Humanidad. El ícono más destacable es el Arco de Santa Catarina, ubicado en la 5º Avenida, el cual sobrevivió al terremoto de 1773. Según cuentan los locales, originalmente conectaba el convento de Santa Catalina con una escuela y fue hecho para que las monjas enclaustradas se cruzaran de un edificio a otro sin ser vistas en la calle.

A pocos metros de allí se encuentra la Iglesia y Convento de Nuestra Señora de La Merced, construcción barroca de una belleza sorprendente.

La época ideal para visitar la ciudad es durante semana santa. El viernes, día de mayor agitación, hay una procesión que parte de la Plaza Mayor, cargando una pesada imagen de Cristo. Es entonces cuando las calles se ven cubiertas de aserrín coloreado, componiendo alfombras geométricas. Bajo una densa humareda de incienso, una banda de músicos custodia la procesión. Las campanas suenan sin descanso. El griterío es intenso. Y el clima es tan festivo que lo deja a uno perplejo.

A lo lejos se observa el volcán Pacaya custodiando la ciudad. Es uno de los pocos activos y accesibles mediante un ‘trekking’. Su última erupción, que dejó grandes ríos de lava, fue en marzo de 2014.

Pueblos santos en Atitlán

Desde Antigua, un recorrido de un poco más de una hora nos lleva al Lago de Atitlán. Este lugar, rodeado por verdes colinas y tres volcanes -Tolimán, Atitlán y San Pedro- invita a la pura calma. Es un lugar donde el ritmo de vida pareciera transcurrir en cámara lenta. Tranquilidad, seguramente sea la mejor compañía para el viajero cansado.

En sus 128 kilómetros de extensión, se encuentran pequeños pueblos con la peculiaridad que cada uno lleva el nombre de un santo. Es posible recorrer estos distintos poblados en viejas combis, en bicicleta o hasta navegando el lago de un extremo al otro.

Santa Catarina Palopó es un laberinto de angostas calles y casas de adobe. Una pequeña iglesia pintada de blanco inmaculado es su gran atracción. Desde su campana principal, cuelgan guirnaldas de colores cual signo de bienvenida.

Como un desfile improvisado, la gente local circula con sus tradicionales huipiles, colorida túnica típica de las regiones mayas. La palabra “huipiles” deriva del vocablo náhuatl ‘huipilli’, que significa “mi tapado”. El idioma náhuatl fue introducido desde el centro de México en Guatemala a través de los indígenas que mantenían un comercio intenso con Mesoamérica.

La ruta continúa hacia San Antonio Palopó, cinco kilómetros más adelante. Desde allí se puede apreciar una de las mejores vistas a todo el lago, que exhiben un color azul intenso en sus aguas, rodeadas por grandes montañas.

En la orilla los pescadores ofrecen su mercadería a los comedores del pueblo, las lavanderas ordenan sus pesadas palanganas mientras los niños juegan con sus perros.

Cada pueblo guarda algún encanto especial. Unos ofrecen masajes orientales, mientras otros insisten hacer probar sus tortillas de choclo o proponen cabalgatas al amanecer. Aunque lo mejor es dejarse llevar por el instinto y vivenciar el ritmo pausado de cualquiera de ellos. Los motivos sobran para quedarse a recorrer este destino más tiempo de lo planificado.

Mucho más que un mercado

Chichicastenango es el municipio más importante del departamento “El Quiché” por ser un lugar de relevancia cultural, histórica y turística. Fue en este lugar donde se encontró el ‘Popol vuh’, el libro religioso maya que narra el origen de la humanidad.

Los días sábados, comerciantes de distintos pueblos vecinos llegan hasta aquí para preparar -desde el atardecer- uno de los mercados indígenas más impresionantes de Guatemala.

Extienden sus artesanías en puestos organizados y bajo una gran manta preparan su cena. Duermen a la luz de la luna, en las arcadas cercanas a la plaza, esperando la llegada de futuros turistas curiosos a la mañana siguiente.

Es recomendable llegar temprano para disfrutar del mercado con tiempo, especialmente si se quiere probar algún bocadillo casero en los puestos de frutas y verduras.

Sin embargo, Chichicastenango no solo es conocido por su mercado. Los ‘masheños’, como se los llaman aquí, son famosos por su fervor a las ceremonias religiosas. Se pueden presenciar ritos antiguos en la Iglesia de Santo Tomás o en la cercana montaña de Pascual Abaj, ubicada al sur de la ciudad. Atravesando los talleres de máscaras, se llega a la cima de la colina. Lo primero que aparece es una estatua completamente negra: es Pascual Abaj.

Pascual Abaj significa para los mayas “piedra de sacrificio”. Es un santuario en honor a Huyup Tak´ah, dios maya de la tierra. Muchos son los que vienen a este lugar para ofrecer cigarrillos, alimentos y flores para pedir algún favor a su dios, en especial los brujos del pueblo. Los días domingos se celebran procesiones santas y es día de las cofradías.

El mercado finaliza al llegar la tarde y la plaza recupera su tranquilidad habitual. Mientras los camiones saturados de familias regresan a sus pueblos, las campanadas de la iglesia cobran protagonismo.

 

Desde selva, ruinas mayas y mercados indígenas hasta ciudades coloniales y volcanes activos. Guatemala tiene, sin lugar a dudas, todos los ingredientes para iniciar un viaje en el tiempo por la cultura, el arte y el sabor de Centroamérica.

 

DATOS ÚLTILES

La mejor época para viajar a Guatemala es entre noviembre y abril. La época de lluvias va de mayo a octubre.
Los ciudadanos argentinos no necesitan sacar visa para ingresar al país.
La moneda local es Quetzal: 1 dólar equivale a 7,79 GTQ
Traslados: Entre los pueblos pequeños es posible trasladarse en camionetas o buses locales. Para distancias más largas se puede contactar a la empresa de buses Litegua o Autobuses del Norte.
Actividades imperdibles:
Subir a lo más alto de la “torre 4” del complejo Maya en Tikal, lugar donde se filmó parte de “La guerra de las galaxias”.
Comprar máscaras talladas en madera en el mercado de Chichicastenango.
Tomar una sesión de masajes con vista al Lago de Atitlán.

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