La violencia doméstica es predecible y prevenible


Foto de Maxim Tolchinskiy en Unsplash.

Lamentablemente, Estados Unidos fue testigo de varios casos destacados de violencia doméstica que resultaron en feminicidio este mes. Justin Fairfax, ex vicegobernador de Virginia, mató a su esposa Cerina y luego se suicidó. En Shreveport, Shamar Elkins, ex miembro de la Guardia Nacional del Ejército, mató a tiros a ocho niños e hirió de gravedad a su novia y a su esposa. A continuación, Barbara Deer fue asesinada en un asesinato suicida cometido por su hijo Kalab en North Lawndale, en el lado oeste de Chicago. Y la pastora Tammy McCollum fue encontrada muerta en su casa de Charlotte, Carolina del Norte, asesinada a tiros por su esposo Eddie McCollum el domingo de Pascua.

Los estudios feministas ayudan a contextualizar la importancia de proteger a las mujeres, que son desproporcionadamente víctimas de la violencia doméstica. De hecho, la Organización Mundial de la Salud enumera la violencia doméstica, a menudo perpetrada por una pareja íntima, como un problema global predominante para mujeres y niñas. De hecho, la ONU informa que el 55% de los feminicidios son cometidos por parejas íntimas y que más de cinco mujeres o niñas son asesinadas por alguien de su familia cada hora.

Como lo demuestran los asesinatos de Cerina Fairfax y Tammy McCollum, así como el tiroteo de Shaneiqua Elkins, los hombres que alguna vez profesaron amor por una pareja pronto pueden volverse contra ellos. Aquí hay tres cosas que nos dice la investigación sobre el feminicidio y la violencia doméstica.

1. La violencia doméstica tiene un patrón, no es aleatoria, y está arraigada en el poder y el control.

Las investigaciones feministas muestran que el abuso doméstico no se trata principalmente de incidentes aislados de ira. Más bien, a menudo implica control coercitivo y un patrón sostenido de dominación que incluye vigilancia, intimidación, restricción económica y abuso psicológico. Este enfoque analítico replantea la violencia doméstica como una cuestión estructural ligada a la desigualdad de género, en lugar de una serie de “incidentes” discretos.

La violencia doméstica no tiene que ver sólo con el comportamiento individual, sugiere la investigación. Está moldeado por sistemas más amplios como el capitalismo, el neoliberalismo y el colonialismo, todos los cuales operan dentro de un orden de género patriarcal. El capitalismo, por ejemplo, afecta la estabilidad económica de las personas. Cuando alguien depende económicamente de su pareja, puede resultar más difícil dejar una relación abusiva. El acceso limitado a vivienda, cuidado infantil y empleos estables hace que este tipo de cambio sea aún más difícil.

Mientras tanto, el neoliberalismo favorece una menor supervisión gubernamental y menos redes de seguridad social. Los gobiernos dejan cada vez más a los supervivientes responsables de su propia seguridad. Las personas a menudo deben navegar por sí solas sistemas de asistencia legal y financiera limitados y complejos. Esto puede hacer que la seguridad se sienta como una carga personal en lugar de una responsabilidad cívica compartida.

El colonialismo –la subyugación de un pueblo a otro– también ha dado forma a patrones de violencia. Durante siglos, el colonialismo ha creado jerarquías raciales y normalizado el control sobre ciertos grupos. En los Estados Unidos de hoy, las comunidades indígenas, negras y de inmigrantes se ven especialmente afectadas.

    Todas estas historias continúan influyendo en cómo responden las instituciones hoy. Los sobrevivientes pueden enfrentar prejuicios, desconfianza o falta de atención por parte de los sistemas diseñados para ayudarlos, por ejemplo. Y todas estas fuerzas trabajan juntas para reforzar la dominación y el control masculino. La violencia doméstica persiste no sólo debido a los individuos, sino también a los sistemas que la permiten.

    2. La separación es un período de alto riesgo de violencia letal

    Los estudios empíricos encuentran consistentemente que el riesgo de feminicidio aumenta cuando una sobreviviente intenta dejar a una pareja abusiva. La investigación demuestra que factores como amenazas previas con armas, estrangulamiento y conductas controladoras elevan significativamente el riesgo de letalidad. Los estudios de investigadoras feministas sugieren que las políticas e intervenciones deben tener en cuenta este mayor peligro durante la separación, y no asumir que irse garantiza automáticamente la seguridad.

    Además, la investigación sugiere que los programas de intervención de “talla única” –especialmente aquellos que priorizan el asesoramiento, la restricción y el castigo de los abusadores– son a menudo inflexibles y no son una estrategia exitosa para mantener seguras a las mujeres. Las investigaciones demuestran que mantener seguras a las mujeres requiere políticas que brinden a las víctimas formas amplias de apoyo social y las ayuden a desarrollar habilidades de defensa.

    3. Las mujeres negras, las mujeres indígenas y otros grupos marginados enfrentan un mayor riesgo

    Los estudios feministas de la jurista Kimberlé Crenshaw muestran que la violencia doméstica y el feminicidio se experimentan de manera desigual según la raza, la clase social, el estatus migratorio, la sexualidad y la discapacidad. Las personas con identidades interseccionales (mujeres negras, mujeres indígenas y otros grupos marginados) a menudo enfrentan tasas más altas y violencia más severa. Estos grupos también tienen más probabilidades de experimentar barreras a la protección, como la desconfianza en las fuerzas del orden, el acceso limitado a los recursos o el sesgo sistémico. El análisis interseccional revela que las respuestas efectivas a la violencia se adaptan a cada caso, no un enfoque único para todos.

    Las mujeres destacadas al principio de esta publicación son solo algunas de las mujeres negras asesinadas por miembros de su familia en abril de 2026. Las investigaciones muestran que las mujeres negras experimentan altas tasas de violencia de pareja, incluida agresión física, acecho y violencia sexual, a lo largo de sus vidas. En comparación con las mujeres blancas, tienen aproximadamente 2,5 veces más probabilidades de ser asesinadas por su pareja íntima masculina.

    Para abordar este riesgo, podríamos centrarnos en identificar identidades sociales entrelazadas a nivel individual, como raza, clase y género. O podríamos examinar ejes de desigualdad estructural a nivel institucional, como el racismo, el sexismo y el clasismo. Pero los académicos sostienen cada vez más que es esencial comprender cómo estas fuerzas operan juntas para dar forma a las estructuras sociales que sostienen la matriz de dominación: cómo los sistemas interseccionales de poder, privilegios y opresión marginan aún más a los individuos y refuerzan las jerarquías existentes. Este enfoque requiere identificar los mecanismos a través de los cuales las instituciones perpetúan estas identidades y desigualdades sociales. Los académicos muestran que un análisis de este tipo revela las barreras, los riesgos y las vulnerabilidades interconectados que enfrentan muchos sobrevivientes marginados. A su vez, esta perspectiva puede contribuir al desarrollo de sistemas que aborden el abuso sin reproducir la desigualdad.

    El feminicidio se puede prevenir

    La violencia doméstica es un problema grave y generalizado, en Estados Unidos y en otros lugares. Las tragedias presenciadas este mes no son aleatorias. Dado que la violencia doméstica tiene que ver con el poder y el control, los expertos sostienen que prestar atención a los sistemas más amplios que dan forma a las desigualdades sociales es esencial para brindar apoyo a las víctimas.

    La conclusión más importante es que la violencia doméstica se puede prevenir. Estas ideas dejan claro que la violencia doméstica no es una tragedia impredecible. Más bien, es una forma de daño prevenible y modelada que refleja desigualdades más profundas dentro de nuestros sistemas sociales y políticos. Lo que les pasó a Cerina Fairfax, Tammy McCollum, Barbara Deer y Shaneiqua Elkins, junto con muchas otras mujeres, podría haberse evitado.

    La erudición feminista no sólo nos ayuda a comprender estas estrategias. Este trabajo puede ofrecer una hoja de ruta para construir sistemas que valoren la vida, la dignidad y la seguridad de las mujeres de manera significativa y duradera.

    Línea directa de violencia doméstica: 1-800-799-SAFE (7233) o envíe un mensaje de texto con la palabra «INICIO» al 88788

    Nadia E. Brown es profesora de gobierno y directora del programa de Estudios sobre la Mujer y el Género de la Universidad de Georgetown. Ella es la autora de Hermanas en la Cámara de Representantes (Oxford University Press, 2014) y coautor de estilo hermana (Oxford University Press, 2021) con Danielle Lemi.



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