La encíclica es la primera del Papa desde su elección el año pasado. Al enfatizar su importancia, el pontífice tomó la inusual medida de presentarlo en persona, acompañado por el multimillonario tecnológico canadiense Christopher Olah, cofundador del gigante de la inteligencia artificial Anthropic.
En su carta a los obispos y fieles católicos de todo el mundo, Leo describió la IA no sólo como una cuestión tecnológica, sino como un punto de inflexión para la civilización. La encíclica pone especial énfasis en los peligros que plantean los sistemas de armas autónomos, la toma de decisiones algorítmica y la separación de la responsabilidad humana en los actos de guerra.
Leo, que tiene un título de posgrado en matemáticas y alguna vez enseñó física, no rechaza rotundamente la inteligencia artificial. Pero su encíclica enfatiza que la IA debe permanecer subordinada a los principios morales y a los nuevos marcos legales, garantizando que las nuevas tecnologías “sirvan verdaderamente a la humanidad”.
«Ningún algoritmo puede hacer que la guerra sea moralmente aceptable», escribió, insistiendo en que la inteligencia artificial debe estar sujeta a las restricciones éticas y a la responsabilidad más estrictas en la guerra. «Cualquier tecnología que facilite ataques sin ver el rostro de los seres humanos reduce el umbral moral del conflicto».



