Los fiscales belgas acusaron a Davignon, entonces un joven diplomático adscrito al Ministerio de Asuntos Exteriores, de estar involucrado en la detención y traslado ilegal de Lumumba, y de someterlo a «un trato humillante y degradante». También fue acusado en relación con los asesinatos de los aliados de Lumumba, Maurice Mpolo y Joseph Okito.
Davignon negó las acusaciones. Una investigación parlamentaria belga concluyó en 2002 que Bélgica era “moralmente responsable” de la muerte de Lumumba.
El caso se ha vuelto central en el largo e incómodo enfrentamiento de Bélgica con su pasado colonial. En 2022, el gobierno belga devolvió formalmente a la familia de Lumumba la única parte conocida de sus restos: un diente conservado durante décadas por un policía belga involucrado en la eliminación de su cuerpo.
Antes de su muerte, Davignon seguía siendo una de las figuras del establishment más conectadas de Bélgica, con altos cargos que abarcaban la diplomacia, la banca, la energía y la aviación europeas.



