Croacia, Historias medievales a orillas del Adriático

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Combina playas de aguas cristalinas con palacios y murallas que cuentan grandes historias. Croacia tiene paisajes que fascinan de punta a punta y una agitada vida nocturna para entretener a tiempo completo.

Txt: Belén Coccolo Ph: Gentileza Unsplash y Pixabay

Si hubiese que definir a Croacia con un color, azul sería la elección; ese que acompaña a cada pueblo, a cada costa, contra cada muralla y que invita a zambullirse en sus aguas en cualquier momento del recorrido. Visitar Croacia implica adentrarse en un país joven, independizado hace menos de tres décadas de la antigua Yugoslavia, pero a la vez muy rico históricamente, ya que su esencia combina las diferentes culturas que se disputaron este territorio, como la romana, la eslava, la mongol y la veneciana.

El destino permite, no solo conocer ciudades amuralladas, con callejuelas pintorescas y grandes palacios, sino también bañarse en sus tantas playas de piedra y arena, y disfrutar de panorámicas para el recuerdo.

La imponente naturaleza de Plistvice, el parque nacional más grande de Croacia con 30.000 hectáreas de naturaleza boscosa, lo convierten en parada obligatoria al visitar el país. Lo más llamativo de este lugar son los 16 lagos que atraviesan el paisaje y van mutando de color, con tonos que van del turquesa al verde. Cada uno de ellos fue bautizado con el nombre de quienes se ahogaron en esas aguas. Se puede encontrar, por ejemplo, el lago de las Cabras, que rememora el día en que una treintena de cabras quiso huir de los lobos, sin éxito, a través de 2,5 kilómetros de agua congelada.

Es necesario tomarse al menos un día entero para recorrer todo el parque y comprobar como el paisaje va cambiando a lo largo del día. Así, el agua que era de un azul claro por la mañana puede tornarse verdosa o turquesa por la tarde, volviéndose ideal para obtener fotografías más impactantes. Además de los lagos, que captan la mayor atención, se pueden recorrer cuevas, bosques colmados de hayas, acantilados y cascadas, a veces tan cerca del sendero que permiten sentir en la cara el aire fresco del agua cayendo en torrente. Sin dudas, un sitio paradisíaco que invita al ‘relax’, sobre todo si uno logra tomar distancia del resto de los visitantes y absorber la energía que contiene este sitio Patrimonio Natural de la Humanidad.

Ciudad con historia

A dos horas y media de la región de Lika, donde se encuentra Plitvice, está la ciudad de Split, un destino que puede generar una sensación constante de irrealidad. Al atravesar la puerta de hierro, punto de acceso principal al casco histórico de la ciudad, es probable que uno se olvide del peso de las valijas transportadas por los tantos escalones, para contemplar las ruinas de un palacio que fue hogar de un emperador romano durante medio siglo. Resulta difícil imaginar un pueblo construido dentro de lo que fue, en su momento, el palacio de Diocleciano, separado del resto de la ciudad por muros y cuatro puertas principales. En cada una de las entradas, hay hombres disfrazados de guardias, con quien todos parecen querer tomarse una fotografía.

La historia de Split comienza en el siglo I, cuando el emperador Dioclesiano comenzó a construir una lujosa villa imperial de treinta mil metros cuadrados enclavada a orillas del mar Adriático. Tres siglos más tarde, los habitantes de la ciudad de Salone se refugiaron en él tras las invasiones bárbaras, construyendo una pequeña ciudad inserta en el palacio, de lo que hoy se conserva su estructura amurallada, como así también sus sótanos, donde encerraban a los esclavos y almacenaban los víveres. En algunas de las galerías subterráneas se instalaron puestos comerciales donde se pueden adquirir recuerdos y joyas del lugar.

DUBROVNIK DESDE LA CARRETERA
Una de las mejores maneras de tomar fotografías de la ciudad es desde sus carreteras. Hay diferentes paradas con miradores, desde los que se pueden apreciar alucinantes vistas panorámicas. En este caso, una imagen del puerto de Dubrovnik, con embarcaciones a la espera de su próximo viaje. Detrás, se ven las murallas que bordean la antigua Ragusa y protegen las típicas casas de tejas rojas, que no pueden superar la altura de los muros. Alrededor, el inconfundible mar azul que bordea a todo el país.

Uno de los sitios más llamativos del palacio es el Peristilo, hoy convertido en una plaza y centro de la vida cultural de Split. Allí se ubicó el café Luxor, que al caer la tarde instala almohadones en las escalinatas ubicadas alrededor de la plaza, desde los cuales los clientes pueden pedir un trago y disfrutar de una velada mágica, al ritmo de una banda local, rodeados de la belleza arquitectónica del lugar. Otros sitios turísticos para visitar dentro del casco histórico son el mausoleo de Diocleciano, cuyo cuerpo desapareció en el siglo XVI y su paradero es aún una incógnita, y el templo de Júpiter, convertido en baptisterio. El campanario de la catedral de San Duje, no apto para quienes sufren de vértigo -ya que se accede por una empinada escalera-, ofrece vistas panorámicas de la ciudad, en las que se pueden apreciar los límites del palacio que enmarcan el casco histórico.

Además, hay que visitar el gran mercado, situado a lo largo de la muralla oriental del palacio, donde se puede vivir el espíritu local y comprar alimentos regionales, así como también ‘souvenirs’ y curiosidades auténticas. Otro de los mercados típicos es el del pescado, más pequeño, donde se encuentran alimentos frescos del mar Adriático, sobre todo a primeras horas de la mañana, como sardinas, mariscos, langostas y besugos.

La magia de este destino incluye darse el lujo de perderse entre los pasillos del palacio para toparse con un patio interno convertido en plaza, donde los barcitos preparan cócteles frescos; o encontrar en un rincón, a un artista callejero interpretando su versión sobre un hit actual y dejarse llevar por la música. El aire bohemio se respira en cada esquina.

Mientras tanto, fuera del palacio se erige un renovado paseo marítimo, en el cual se concentran restaurantes y bares, y funciona también como punto de encuentro de los más jóvenes para comenzar su agitada vida nocturna.

De playas y murallas

El periplo croata continúa hacia la isla de Korcula, a la cual se llega en ferry desde Split. Una vez arriba del barco, se puede contemplar la ciudad que quedó atrás y disfrutar de todo el recorrido, que deleita con un mar celeste constantemente intervenido por verdes islas que completan un paisaje de ensueño. Luego de tres horas de viaje, se divisa la frondosa isla de Korcula, una de las más verdes del mar Adriático, en la que abundan los viñedos, los olivos, y también playas de agua transparente y cuevas. Lumbarda, a tan solo seis kilómetros de la ciudad, es uno de los pueblos más visitados, donde se pueden encontrar pequeñas playas de arena, como Przina beach, y refrescarse en sus aguas cristalinas.

La ciudad de Korcula está rodeada de murallas y se accede a ella a través de la torre de Revelin, tras subir unas cuantas escaleras. Los locales aseguran que aquí –en el seno de una familia veneciana- nació Marco Polo. Aunque no hay pruebas concretas de este hecho, se pueden encontrar distintos homenajes a Marco Polo, y hasta un museo interactivo en el que se relatan los viajes y los descubrimientos del famoso explorador. Pero el gran atractivo de la ciudad está en sus calles peatonales adoquinadas, que se entrecruzan con escaleras y edificaciones de piedra, lo cual puede hacer laberíntico su recorrido. En la costanera se ubican bares y restaurantes para comer a la orilla del mar, con vistas a los barcos y al mar azul.

El punto final del recorrido es la famosa ciudad de Dubrovnik, cuya espectacular arquitectura medieval inspiró a los productores de la serie Game of Thrones a grabar varios capítulos de King’s Landing. Escaleras y gatos descansando en las esquinas son paisajes frecuentes mientras se emprende el descenso hacia la ciudad amurallada, al pie de la montaña de San Sergio. Para acceder a la antigua Ragusa, también conocida como “la perla del Adriático”, se debe cruzar la Puerta de Pile, una imponente entrada precedida de un puente levadizo. En el centro de la ciudad se encuentra la Fuente de Onofrio, una estructura circular de la cual emerge agua a través de las bocas de las figuras esculpidas. Alrededor de ella se reúnen los turistas para refrescarse o  encontrarse con el resto de sus compañeros de viaje, después de haber recorrido la gran muralla.

Caminar por los muros que rodean la ciudad y que han sido considerados una de las grandes fortificaciones de la Edad Media, permite observar desde las alturas las casas de tejas anaranjadas, con ropa colgada de sus ventanas. Al tiempo que se descubren las diferentes torres de la muralla, se puede ver el mar invadido por ferrys que cruzan a la isla de Lokrum y por turistas que se animan a recorrerlo en kayak; como así también canchas de básquet, uno de los deportes preferidos de Croacia, en las que algunos valientes desafían al calor del verano.

Una vez completado el recorrido por la muralla, la ciudad tiene diversos edificios y sitios para admirar mientras se transita la Placa Stradum, su arteria principal. Algunos de ellos son la Torre del Reloj y la iglesia de San Blas. A medida que avanza el día, se hace latente la vida activa que tiene hoy esta ciudad medieval, cubierta de negocios y  mesitas de bares y restaurantes para disfrutar del aire libre.

El destino cuenta con una amplia variedad de actividades, desde clubes para bailar, hasta grandes festivales y actividades deportivas. Al caer la tarde, es frecuente ver personajes disfrazados o en zancos, desfilando por la calle principal en un gran despliegue para promocionar algún bar o fiesta.

La antigüedad y la naturaleza conviven en Croacia, en un clima relajado y bohemio. Y es que en este rincón de Europa, nadie parece estresado y se mantiene una armonía en la que confluyen turistas y locales, artistas callejeros y fiesta nocturna, playas de ensueño y monumentos históricos. En definitiva, un lugar que promete tenerlo todo.

 

Experiencia local
Cercano al Parque Nacional de Plitvice, el hotel Plitvice Miric Inn ofrece un alojamiento acogedor con un trato bien personalizado. Vale la pena comer una típica cena croata en el restaurante del hotel, que incluye sopa, trucha y verduras cocidas, además de un ‘shot’ de bebida blanca tradicional del lugar.
plitvice-croatia.com
Dormir con vista al mar
El Hotel Kompas Dubrovnik, adyacente a la línea de playa de la exquisita Bahía Lapada y su famosa rambla Uvala, está ubicado a cuatro kilómetros del centro de la ciudad vieja. Hotel 4 estrellas que incluye un spa de lujo, restaurante y bares con vista al mar.
adriaticluxuryhotels.com
Sabores auténticos
Se llama Above 5 Rooftop Restaurant y es una terraza anclada en el corazón de la antigua ciudad de Dubrovnik. Ideal para pasar un momento íntimo con comida de autor mediterránea y croata.
above5rooftop.com
Panorámicas en altura
El teleférico de Dubrovnik permite apreciar las mejores vistas de la ciudad y la muralla que la rodea. Consejo: ir por la tarde para disfrutar de la puesta del sol desde la colina.
dubrovnikcablecar.com
Cómo llegar
Se puede volar a Dubrovnik y Split con dos escalas. Turkish Airlines suele tener buenos precios hacia estos destinos.
Cuándo viajar
Entre mayo y septiembre, cuando la temperatura permite disfrutar de las playas.
Idioma
Croata, pero en la mayoría de los lugares hablan también inglés.
Moneda
Kuna. 1USD = 6,31 kn
Visa
Los argentinos no necesitan visa para ingresar a Croacia.
Tip viajero
Si el viaje es en verano, la clave es alternar playas durante el mediodía con visitas a monumentos históricos y paseos por la ciudad a la hora del atardecer, para así huir del calor intenso.

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