Conciertos de sofá

Locaciones secretas o casas particulares. Lejos de la masividad, el artista y su público celebran la intimidad de la buena música. ‘Living concert’ es el nuevo formato para descubrir artistas en la ciudad y conectar con la musicalidad en su máxima expresión.

Txt: Vanesa Ivanoff Ph: Delfina Molina para Nómade Somos y Sofar

Las noches frías en Buenos Aires eclipsan las ganas de salir, pero si la invitación es a escuchar buena música en un ambiente intimista y relajado, el impulso aparece sin pensarlo demasiado.

Todo comenzó en el año 2009 en el piso de Rafe Offer en Londres. Allí, ocho amigos se reunieron para disfrutar de un concierto íntimo y exclusivo. Todos sentados en el suelo compartieron bebidas, comidas y presenciaron la actuación del músico en absoluto silencio. Desde entonces el fenómeno no paró de crecer hasta convertirse en una comunidad global de artistas y amantes de la música. Sofar, que significa ‘songs from a room’ con desarrollo en 413 países y presencia en Buenos Aires, Córdoba y Rosario, se celebra en espacios cotidianos. La ubicación es siempre secreta, se revela a 36 horas del concierto y el artista es sorpresa. Desde la organización entienden que todos los músicos merecen el mismo respeto, sean populares o desconocidos. Invitados, anfitriones y músicos, juntos crean espacios únicos en los que todos son protagonistas.

Un espectáculo de Sofar cuenta con tres tiempos. Cada reparto está seleccionado cuidadosamente para que el público pueda experimentar la diversidad y cada artista reciba una atención equivalente. Los asistentes llegan a tiempo para la primera actuación y se quedan todo el concierto. Se suele permitir que cada cual lleve su propia bebida, de modo que no suele haber esperas en una barra. Y cuando suena la música, la atención es completa: ni se habla ni se usa el móvil.

Tanto en el fenómeno global como en las propuestas locales, la premisa es la misma: respetar a la música, al artista y al espectador, en un espacio íntimo como si estuvieran en el living de una casa. Lejos de la masividad de los recitales ya conocidos, en los que el sonido no tiene calidad, el bullicio es imponente y la visual del escenario está limitada a las amplificaciones de las pantallas o la transmisión del celular de la persona de al lado.

La propuesta local

La cita es clara, hay que llegar puntuales a las 22 hs.; el lugar secreto revelado unas horas antes es una casona en el casco histórico de San Isidro. Desde afuera parece una galería de arte, pero resulta ser el espacio creativo de una artista, arquitecta y diseñadora, Adriana Bozzi. Allí, en Casa B, entre diseños, esculturas y acuarelas, aparece Jerónimo Saravia para dar la bienvenida. Él mismo, junto a Simón Benegas y Lucas McGuire, crearon en el año 2016 el concepto Nómades Somos, una manera distinta de sentir la música. Pero quienes comandan esta comunidad con esmero son Jerónimo y Simón. Ellos, también músicos, se nutrieron de experiencias por el mundo bajo el formato de ‘living concerts’.

“Hoy en día lo más común es ir a ver una banda o artista y que la mayoría de la gente esté hablando entre sí, mirando el celular o en la barra. Solo unos pocos prestan atención a lo que está sucediendo en el escenario. Nómade es todo lo contrario a eso. Somos una comunidad de músicos y amantes de la música que encontró su manera de disfrutarla, sin ruidos ni distracciones, generando un intercambio orgánico entre artistas y oyentes”, cuenta Jerónimo mientras recibe a sus invitados.

Antes de que comience el concierto hay tiempo para recorrer la casa, ver la obra de la artista y disfrutar de alguna bebida y lo que se disponga para comer ese día. Lo que no está permitido es comer durante la ‘performance’. De lo que se trata es siempre de conectar con ese momento mágico en el que dos acordes se encuentran y envuelven el instante.

El escenario está previsto en el primer piso. Un ambiente amplio, con sillones cómodos sobre un ‘vitreaux’ diseñado por la artista, almohadones en el piso, una alfombra de lana; de fondo un óleo en colores tierra, una luz muy tenue sobre la butaca del artista. Esos son los ingredientes para un entorno perfecto. Mientras la gente se acomoda, Jerónimo da la bienvenida a un nuevo concierto. El pedido obligado es silenciar el celular para que nada interrumpa la intimidad que produce la música. Casi imperceptible es la entrada del músico: esta vez, Francisco Nogal. “Cualquier tipo de música es bienvenida. Mientras sea original y sintamos que tiene algo que comunicar, ya que el fin de todo músico nómade es ese, comunicar, más allá del lugar o espacio. No hay ninguna restricción musical de género, lo único es que en Nómade es todo 100% acústico, no se amplifica nada. Esto es porque descubrimos, por nuestra propia experiencia como músicos, que el sonido 100% orgánico favorece una conexión pura que no se consigue de ninguna otra forma”, explica Jerónimo.

Entre canción y canción, la interacción con el público es un juego de sonidos. Tarareos, entonaciones y aplausos se intercalan en un encastre perfecto. Un entretiempo de media hora, para comer algo o disfrutar una cerveza en el jardín, es el tiempo necesario para que el próximo artista se prepare.

Las locaciones van variando de evento en evento, siempre buscando esta sensación de cercanía, creando comunidad en espacios cotidianos. “Muchas veces se nos acerca gente en los eventos y nos ofrece su casa o espacio, o tienen a un conocido al que le encantaría ser anfitrión. Otras veces nos escriben por las redes. Nosotros nos adaptamos a los espacios que nos ofrecen y a la cantidad de gente que entra. Tiene que haber lugar como para que, al menos, entren 20 o 30 personas sentadas en el piso, sillas o sillones”, relata Jerónimo.

La manera de participar es a partir de una membresía que habilita a concurrir a todos los conciertos, tienen pases individuales o con un acompañante. También es posible adquirir las entradas por evento, pero siempre hay un cupo en la disponibilidad por la limitación del espacio, aunque también para mantener cierta exclusividad.

En Sofar, hay que suscribirse al ‘newsletter’ para recibir las fechas de concierto, el límite de asistentes es alrededor de sesenta personas, que reciben unos días antes del evento elegido, las indicaciones del lugar y detalles de confirmación.

Lo cierto es que una nueva manera de escuchar está surgiendo. Entre artistas increíbles, lugares secretos, calidez y buena música, la invitación es a conectarse con el momento presente para vivir una experiencia única que acerca y devuelve la magia de la música en directo. Descubrir nuevos talentos y disfrutar del ritmo sin aditivos: eso es compartir esta comunidad de conciertos de sofá.

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