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El paraíso perdido del Indico

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 El té, los templos y las ciudades en las quetranscurren algunas delas leyendas más antiguas definen la esencia cultural deSri Lanka. Esa lágrima dela India vertida en el Océano Índico que alberga ocho patrimonios dela Unesco y queespera ser descubierta.

 Txt y Ph: Ctalina Mielke

Veintiséis horas de vuelo y dos escalas separan a Argentina de Sri Lanka. Es de noche y nos espera Nazar, un srilankés de sonrisa noble y mirada inocente, que será nuestro ‘driver’ por los próximos diez días. Conducimos dos horas hasta Pinawalla, primera parada. La isla es todavía un misterio que apenas atisbo mediante mis conversaciones con Nazar.

Amanece en Pinawalla. El sol entra por la ventana y Sri Lanka, ahora sí, se deja ver. Me asomo por la terraza de la habitación con vista al Río Maha Oya, donde todas las mañanas una manada de elefantes llega para bañarse y dar un espectáculo por el que yo volvería a viajar 20, 30 o 40 horas en avión.

Son quizás 60, entre grandes, chiquitos y bebés. Algunos escupen agua y otros entrelazan sus trompas, mientras los huéspedes desayunamos con esta panorámica. Y yo pienso que quizás, esta fue la sensación de los grandes descubridores del mundo, como Colón o Crusoe; pienso en la sorpresa del hallazgo, porque yo había hallado ahí una perla en el Océano Índico. Pero no había sido la única, pues ya hace muchos años los marinos habían llamado a la isla “serendib”, un término que derivó en “serendipity” o “serendipia” para nosotros, y que significa algo así como “descubrimiento o hallazgo afortuna­do”. Esto me lo cuenta Nazar mientras avanzamos por la ruta y yo me animo a viajar en el tiempo también.

El encanto natural de Kandy

Cuarenta kilómetros al este de Pinawalla se encuentra Kandy, donde em­pieza a asomar el famoso triángulo cultural de la isla, del cual esta ciudad es referente.

El espíritu colonial, impreso por los británicos que siglos atrás gobernaron la ciudad, es innegable. Su principal vestigio: el té. Las plantaciones se extien­den por todo el país, pero en Kandy además, todavía queda vigente la heren­cia arquitectónica, hoy menos pulida que entonces, pero igual de cautivante.

Nazar dice que en Kandy se distinguen bien las dos facetas de su Sri Lanka querida: la de la colonia y la de las tradiciones más antiguas. Por él me entero que cuando Siddharta Gautama, Buda, estaba siendo incinerado en India, alguien rescató de la pira uno de sus dientes, una de las más importantes reliquias de la religión budista. Desde allí viajó escondido entre los cabellos de una princesa que lo trajo a Sri Lanka, y desde entonces yace aquí, en el famoso “Templo del diente de Buda”. Una vez al año, entre los meses de julio y agosto, los elefantes se visten de seda y luces, y la ciudad se convierte en una fiesta. Es el festejo de “Esala Perahera”, la fiesta más célebre y concurrida de la isla, hecha en honor a Buda y su reliquia sagrada. Música, danzas y mucho color inundan las calles bajo el sincretismo religioso, legendarios símbolos y leyendas sagradas. La Sri Lanka de la colonia, pero también la de la fé y los ritos, esa es la Sri Lanka que enamoró a Marco Polo cuando dijo que esta era la isla más bonita del mundo.

Más allá de este rotundo espacio guardián de la reliquia de Buda, Kandy aloja otros templos que vale la pena visitar, como el de Kataragama y Vishnu, o los Monasterios de Asigiriyacon y Malwata. El mercado central de Kandy es una parada obligada para disfrutar de su mística, hablar con los mercade­res y comprar los mejores recuerdos, desde ‘saris’ de seda hasta elefantes en miniatura, especias y tés.

Las piedras preciosas son otro atractivo de la isla y Kandy es uno de los mejores lugares para comprarlas o para visitar los museos dedicados a ellas y al trabajo desarrollado durante tantos años en este rubro. Sri Lanka ha sido objeto de deseo durante siglos. Piratas malayos, navegantes portugueses, ára­bes, holandeses y británicos quisieron dejar su impronta en esta tierra y con­quistarla, y una de esas razones eran estas piedras. El zafiro azul es la estrella, pues este es uno de los pocos lugares del mundo que la tiene.

Con una taza de té, la vida se bebe mejor

El color verde al punto del estallido prevalece en toda la isla, el país entero parece un jardín botánico. Cada día, desde los tiempos de la colonia, las mujeres salen a recoger las hojas de té que más tarde viajarán por el mundo para dejarse caer en una taza de agua caliente.

La producción comenzó con la llegada de los británicos, y al poco tiempo las montañas se convirtieron en gigantescas plantaciones y terrazas de hojas verdes. El té de Ceylan, es por lejos el más famoso, un refinado té negro de alta calidad que lleva el nombre antiguo de la isla.

Justo en el corazón del país, la pequeña Inglaterra asoma. Se llama Nuwara Eliya y disfrutar de su calidez o catar los diferentes ‘blends’, es a lo que cual­quier amante del té aspiraría. Sri Lanka es el tercer productor del mundo, y en esta pequeña ciudad se encuentran algunas de las fábricas más impor­tantes de canela, cardamomo y del té propiamente dicho. Están abiertas al público y allí se hacen recorridos guiados para viajar a otra época, cuando la ruta de la seda pasaba por Ceylan para abastecerse de las riquezas naturales de la isla.

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Tallado en roca

Tan sólo por sus jardines y sus ruinas, sería fascinante. Pero basta con levan­tar la mirada para quedarse perplejo ante semejante roca de 370 metros de altura que irrumpe en el paisaje. Sigriya es uno de los ocho patrimonios de la UNESCO que alberga la isla, quizás el más imponente a la vista. Escar­pada en todos sus lados, la roca es el resto de un volcán extinto que luego se convertiría en palacio.

Nazar dice que Sigriya es una de las ocho maravillas del mundo antiguo, y la verdad es que basta con verla para creerlo. A finales del siglo V, el Rey Kas­hyapa construyó su palacio en la cima de la roca. Pero, ¿por qué iba un rey a construir un palacio a casi 400 metros de altura? Resulta que Kashyapa nece­sitaba una ubicación más segura por haber asesinado a su padre y arrebatado el trono a Moggallana, su hermano y heredero legítimo. Las colosales garras del león talladas en la última terraza, antes de llegar a la cima, confirman visualmente la historia; al igual que los estanques al pie de la roca, donde se encontraban los cocodrilos.

Tras la muerte del rey, el lugar fue abandonado y utilizado como monasterio budista durante muchos años. Sin embargo, Sigriya se niega a revelar sus secretos fácilmente y para llegar a la cima hace falta subir varias series de escaleras. La buena noticia es que las vistas, las terrazas y las pinturas sobre las piedras no hacen más que motivar al viajero a descubrir qué depara la cúspide.

A unos 15 minutos de Sigriya está Dambulla, donde Sri Lanka sigue dando muestra de las riquezas naturales que posee. Sus montañas de cuarzo rosado -otro de los lugares destacados por la UNESCO- son las más grandes del sur de Asia y sus templos-cavernas son dignos de admirar.

Yala National Park

La Ranger se dirige a toda velocidad, justo para el lado contrario donde iban todas las demás. A esta altura yo confío lo suficiente en James, nuestro conductor y guía por este gran parque salvaje, y para mí, un genio en el arte del rastreo.

Son las 12 del mediodía. Vimos elefantes, cocodrilos y búfalos, pero el ani­mal estrella todavía se hace desear. Durante toda la mañana fuimos partícipes de un intenso rastreo de huellas y señales que nos trajeron hasta acá, en una búsqueda frenética por encontrar al felino más ansiado de Yala National Park. James hace esto desde los 12 años, cuando acompañaba a su papá a hacer lo mismo.

Algo lo hace cambiar el rumbo y cada vez nos alejamos más de la expedición, tanto que sólo se escuchan los pájaros. Parece ser un indicio. La camioneta todo terreno se para en medio del camino, es momento de hacer silencio y mantener expectantes los sentidos. James se baja del auto y con certeza, ordena: “Prepara la cámara, en dos minutos va pasar.”

El corazón palpita con velocidad y adrenalina. Un instante corto que llevo conmigo y que, de alguna manera, imprimió de sentido todo el viaje. Las plácidas horas de té, definitivamente quedaron atrás cuando un leopardo a paso elegante nos regaló un momento extraordinario.

Datos útiles

Cómo llegar
Qatar Airways tiene vuelos con escala en Sao Paulo y Doha. Conviene contratar a un conductor para recorrer el país, existen muchas empresas que ofrecen este servicio y la mayoría de los hoteles tienen cuartos para ellos.
Mi recomendación es hacerlo con Nazar, es posible contactarlo por mail ([email protected]).
Idioma
Cingalés, támil e inglés.
Moneda
Rupia (1 USD = 148,487 LKR)
Mejor época
La temporada media, de abril a noviembre, con buen clima en todo el país.
Visa
El visado ceilandés se puede obtener por adelantado a través de la web www.eta.gov.lk. El proceso de solicitud es en línea y se puede pagar con tarjeta de crédito o débito. El visado turístico de 30 días cuesta 30 USD.
Dónde dormir
Booking.com ofrece buenas ofertas en todas las ciudades.
En Nuwara Elya recomiendo dormir en alguna de las antiguas mansiones de los terratenientes británicos, es una experiencia que vale la pena

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