La ciudad de los azulejos

 

Conocida por sus empinadas calles de adoquines y su música similar al tango, Lisboa encierra un sin fin de tradiciones, arquitectura antiquísima y mucha historia por descubrir.

Txt y Ph: María Clara Mayer

Lo primero que uno siente después de pasar un día en Lisboa es dolor. Sí, dolor en las piernas y agotamiento por subir y bajar tantas calles. Es que en la capital de Portugal casi no existen calles planas y es parte de su atractivo turístico el gran esfuerzo que implica recorrer sus antiguas veredas.

Lisboa está dividida en barrios claramente diferenciados. Por un lado, se encuentra La Baixa, el más céntrico de la ciudad y donde está la mayor parte de los comercios y entretenimientos; por el otro, El Chiado y el Barrio Alto, que son las áreas más bohemias y alternativas, una especie de Montmartre parisino en tierra portuguesa, donde se pueden ver músicos tocando en las calles o pequeños bares escondidos entre ‘ateliers’ y galerías de arte.

Uno de los barrios más tradicionales es La Alfama, zona de residencia de pescadores durante muchos años, que se ubica bordeando el río Tangus y es un excelente lugar donde ver el atardecer. Un poco más en las afueras está Belem, famosa por ser hogar de los monumentos más importantes de la capital.

la-ciudad-de-los-azulejos5

48 horas en Lisboa

El día comienza en el corazón de la ciudad: La Baixa. Para conocer la zona verdaderamente, es importante recorrer cuatro plazas que se encuentran a 100 pasos unas de otras. En la Plaza de los Restauradores (donde está el magnífico edificio del Hotel Edén) comienza la Avenida de la Libertad, la más importante de Lisboa, que acaba en la Plaza del Margués de Pombal. Muy cerca se ubica la Plaza del Rossio, con el Teatro Nacional y su famoso café Nicola, un excelente punto donde frenar a descansar por la mañana o donde volver a la noche para probar un plato típico. Eso sí, hay que tener en cuenta que los portugueses comen temprano, y a las 21hs. es común que los restaurantes empiecen a cerrar.

Por último, se encuentra la Plaza de Figueira con sus pintorescas casas abuhardilladas, que ofrecen una buena vista del Castillo de San Jorge, una imponente construcción medieval donde todos los sábados a las 18hs. se lleva a cabo una milonga. Sí, en la capital del fado -la música popular portuguesa- es posible disfrutar un poquito de tango. Esto no es una mera coincidencia, sino que existe una relación y similitud entre la música portuguesa y la argentina. Ambas surgen como una fuerza arrabalera, melancólica y nostálgica. El fado, que proviene del latín y significa destino, es más introvertido, menos expresivo y sin un baile característico. Esto explica la fascinación de los portugueses por el 2×4. Se puede disfrutar de un buen recital en las “casa de fado”, o en los barrios de La Alfama, Mouraria y Barrio Alto.

El aire que ahí se respira es relajado y artístico, la gente camina pausadamente por las calles, la música de los distintos locales se funden en un ritmo tranquilo y taciturno. Abundan los cafés, las casas de antigüedades y pequeñas boutiques de diseñadores independientes. Como en otros barrios antiguos, lo que más llama la atención son sus enormes edificios cubiertos con azulejos. Geométricas, con formas naturales, pintadas e incluso con relieve, algunas de estas baldosas son verdaderas obras de arte. Por eso existe en Lisboa el Museo Nacional del Azulejo, en el que se explica la historia de este elemento arquitectónico y ornamental tan típico de la ciudad.

Los patrones que forman en sus fachadas, los colores vibrantes y las texturas se vuelven un imán para cualquier transeúnte. Son un pedazo de historia viva, un recuerdo de un pasado y una perfecta descripción del pueblo portugués. Melancolía, tristeza y esperanza conviven en esos azulejos, que aunque a veces rotos y carcomidos por los años, conservan aún sus colores y su fuerza.

De las siguientes 24 horas, algunas se pueden utilizar en el barrio de Belém. Ahí se encuentran dos joyas de la ciudad: el gigantesco y gótico Monasterio de los Jerónimos (con visita obligada a su Iglesia y claustro) y la Torre de Belém. También se puede visitar el enorme puente 25 de Abril, el Monumento a los Descubrimientos y el Museo Nacional de Carruajes. Eso sí, el día debería terminar disfrutando un “pastel de belem”, una tarteleta hecha de crema y huevo que es famosa en la zona. El mejor lugar para probarlo es en una pastelería que lleva el mismo nombre y aunque a veces es necesario hacer una cola de dos horas para probar uno, bien vale la pena.

Otros platos típicos de Portugal son el caldo verde (repollo y papa), el cocido a la portuguesa (cerdo con vegetales y legumbres), las migas del Alentejo (mezcla de carne de cerdo adobada y pan) y las feijoadas. Pero lo que no hay que perderse son los mariscos y el pescado, en especial el bacalao. Nada mejor que terminar el día en un restaurante del Barrio Alto o del Chiado disfrutando un poco de la cocina portuguesa.

 

Otros clásicos

Los tranvías de Lisboa no son sólo uno de los medios de transporte más útiles para desplazarse por la ciudad, sino también una de las atracciones turísticas más importantes. La red está compuesta por cinco rutas y 58 tranvías, de los cuales 40 son tranvías tradicionales: pequeños, de madera y lentos.

El tranvía más clásico es el 28E, toda una institución, ya que es el que recorre los barrios más pintorescos: Graça, Mouraria, Alfama, Baixa, Chiado, Madragoa y Barrio Alto.

Las calles en Lisboa son engañosas porque son angostas, con muchas curvas y muy parecidas unas con otras, por lo que un buen plan es ir bajando del tranvía a medida que algo nos parezca interesante y de esta forma, evitar perdernos.

Pero si hay algo que vuelve única a Lisboa, es el Elevador de Santa Justa, una estructura de 45 metros de alto (con un aire a la torre Eiffel) que en su interior posee dos ascensores revestidos de madera que pueden albergar a 24 personas cada uno. Desde la cima del elevador, se accede a un mirador que tiene magníficas vistas de La Baixa y el Chiado.

 

El pueblo más romántico

A sólo 30km de la capital se encuentra Sintra, una villa con cerca de 33 mil habitantes y varios sitios de interés. Llegar es muy simple: se debe tomar un tren desde la estación Rossio y en 45 minutos se estará en el centro del pueblo. Desde ahí se puede ir caminando hacia la primera atracción: el Castelo dos Mouros. El recorrido en subida lleva tiempo entre árboles y escombros de antiguas construcciones, pero la vista hace que el esfuerzo valga la pena. Aunque también es posible tomarse un bus que realiza un trayecto circular por las principales atracciones: la Quinta da Regaleira, el Castelo dos Mouros, el Palacio da Pena y la estación de tren.

El Castelo dos Mouros es la fortificación más antigua de la zona. Construida por los árabes durante su conquista de la Península Ibérica, se conserva en bastante buen estado; y aislada en una de las cumbres de la Sierra de Sintra, la monumental construcción recuerda a la gran muralla china. Desde sus torres se puede apreciar el pueblo con sus tejados rojos y antiguas edificaciones, e incluso se llega a vislumbrar el Océano Atlántico.

Otro de los puntos más recomendables de la zona es el Palacio da Pena. La antigua residencia real constituye una de las máximas expresiones del estilo romántico; tanto es así que su belleza fue protegida por la UNESCO en 1995 al declararlo Patrimonio de la Humanidad.

Vibrantes colores y texturas, mezcla de distintos estilos arquitectónicos y una posición privilegiada sobre la cima de un colina, hacen que el Palacio da Pena sea el sueño de cualquier fotógrafo. Para poder apreciarlo en toda su magnitud, lo mejor es alejarse hacia un mirador que se encuentra en las afueras del parque. La vista es inolvidable: un castillo colorido, alegre y también añejo, como el pueblo portugués.

 

DATOS ÚLTILES

Cómo llegar
No hay vuelos directos a Lisboa, pero las aerolíneas Lufthansa, Air Europa y Tap Air Portugal ofrecen vuelos con una sola escala.
Dónde dormir
La mejor zona para alojarse se extiende por la Avenida de la Libertad. Allí se encuentran los siguientes recomendados…
El Hotel Fontana Park: un hotel lujoso, moderno y cosmopolita en pleno centro de Lisboa. Se encuentra ubicado en un edificio de principios del siglo XX, que ha sido reformado de una forma atrevida y atractiva.
www.fontanapark-hotel.com
El Tiara Park Atlantic Lisboa: un sofisticado hotel situado a 400 metros de la plaza del Marqués de Pombal. Tiene elegantes y amplias habitaciones con ‘amenities’ de lujo, muchas con vistas al parque Eduardo VII. Su restaurante “L’Appart” sirve platos portugueses e internacionales.
www.tiara-hotels.com
Dónde comer
Algunas recomendaciones para probar los típicos platos portugueses…
Largo: ubicado dentro del ex convento de la Iglesia de los Martires, no sólo el ambiente llama la atención: los platos ideados por el chef Miguel Castro e Silva mezclan lo tradicional de la cocina portuguesa con exquisitos y modernos sabores internacionales.
Once: este restaurante creado por once amigos se encuentra en el distrito comercial y es un destino ideal para una cena gourmet. El menú cambia con cada estación y los ingredientes siempre son frescos. Cuenta con terraza.
Oliver: uno de los restaurantes más lujosos de la capital portuguesa. La decoración fue inspirada en María Antonieta. Cuenta con un área VIP para cenas más íntimas y románticas.
 Transporte
Es fundamental comprar un pase de transporte para poder tomar cualquier tranvía, funicular o tren. Se puede adquirir en cualquier estación o mismo en el aeropuerto.